Murcia

Breve Historia de los Teatros de Murcia (I)

Mar, 28/10/2014 - 14:40 -- MCC

A través del presente reportaje vamos a trazar un recorrido breve, pero lo más completo y preciso posible, sobre los distintos teatros que ha tenido la ciudad de Murcia a lo largo de su historia. Por medio de entregas, ofreceremos libremente una ruta de ensueño, cargada de historia y de leyenda, para que cualquier internauta que sea curioso e inquieto pueda dejarse llevar por la magia de los lugares desaparecidos y recrearse en la contemplación de los que aún permanecen activos. Por ello, con los ojos bien abiertos para la ocasión, entremos ya sin más dilación en la máquina del tiempo dispuestos a pasear por las calles de la ciudad para descubrir y disfrutar de la Murcia que se fue, pero sigue estando ahí.

 

Nuestro camino por la ciudad en busca de sus recintos teatrales no comienza en un lugar, sino en un tiempo, ya que fue durante el reinado de los Reyes Católicos, concretamente a finales del siglo XV, cuando las representaciones teatrales que se hacían en Murcia fueron ganando cierto nivel de organización, aunque todavía no se interpretaran por cómicos profesionales ni se realizaran en casas de comedias. Estas funciones, tal y como dice el profesor Juan Barceló Jiménez, se realizaban en retablos improvisados en las actuales calles de Trapería, Platería y en la actual plaza de Santo Domingo (antigua plaza del Mercado). Fue a partir del siglo XVI, cuando Murcia pudo empezar a disfrutar de las actuaciones de los primeros cómicos de oficio, aunque durante gran parte de este siglo estas representaciones tuvieran que continuar realizándose en carros y escenarios callejeros por carecer la ciudad de un local adecuado para tales menesteres.

 

Es a mediados del siglo XVI cuando comenzamos a tener noticias sobre los primeros locales dedicados al teatro en Murcia. El primer corral del que oímos hablar es el del Zoco o del Azoque, que recibió tal nombre por estar situado cerca de la puerta del Azoque, puerta que se halló en la confluencia de las actuales calles de Santa Teresa y San Nicolás. Podemos suponer que el edificio debió de ser muy rudimentario, sin embargo, a día de hoy resulta imposible fecharlo con precisión, reconstruirlo arquitectónicamente, o saber qué tipo de espectáculos se hicieron en él. Lo que sí sabemos es que el lugar existió hasta que, alrededor de 1742, el Obispo Belluga compró su solar para construir un asilo benéfico denominado Casa de Maternidad y Expósitos.

Panorámica actual de la confluencia de las calles Santa Teresa y San Nicolás, lugar donde antaño se levantó la Puerta de Azoque y en cuyas inmediaciones estuvo el Corral del mismo nombre.

 

Más adelante, dentro ya del periodo final del siglo XVI, nos vemos obligados a detener nuestro recorrido histórico a la altura del mítico teatro del Trinquete, el local que tradicionalmente ha ostentado el honor de ser considerado con propiedad como la primera casa de comedias que hubo en Murcia. Sin embargo, estudios recientes del profesor Rafael Sánchez Martínez parecen haber demostrado que tal teatro nunca existió en nuestra ciudad. En cualquier caso, para poder examinar adecuadamente esta auténtica “cuestión palpitante” de la historia teatral murciana, deberemos volver sobre ella con posterioridad, cuando dispongamos de más datos y mejor perspectiva. Por ahora diremos que, según la opinión generalizada entre los estudiosos de diferentes épocas, dicho teatro del Trinquete ya existiría hacia finales del XVI, estaría situado entre la plaza de Santa Catalina y el convento Madre de Dios, ocuparía un antiguo local donde hubo con anterioridad un trinquete de pelota (especie de frontón para jugar), y habría sufrido una gran tragedia el 14 de noviembre de 1613 al desplomarse una de sus paredes sobre el público que asistía a una función causando gran número de muertos y heridos.

 

Ninguna duda sobre su existencia ofrece el teatro que se ubicó en el patio interior del Hospital General de Nuestra Señora de Gracia, en unos terrenos que hoy quedan entre la iglesia de San Juan de Dios y el Instituto Cascales. El profesor Sánchez Martínez ha podido aportar datos que establecen el comienzo de la actividad escénica en este espacio hacia 1593, y por ello es considerado por el mencionado profesor como el primer lugar documentado donde se representó teatro comercial en Murcia. Aunque algunos autores han creído que este teatro no reunió las mínimas condiciones para la actividad teatral, lo cierto es que llegó a contar con todos los elementos característicos de los corrales de comedias de la época: al fondo del mencionado patio, de planta cuadrada, se encontraba el escenario, y frente a éste los bancos; a los lados del patio se levantaban dos pequeñas gradas laterales apoyadas contra las paredes del hospital; y encima de estas gradas se alzaban sendos corredores, que aumentaban la capacidad del complejo y lo dotaban de una segunda altura.

Panorámica actual de la iglesia de San Juan de Dios, sobre cuyo emplazamiento se levantó antaño el Hospital general de Nuestra Señora de Gracia.

 

A pesar de que el teatro del Hospital General de Nuestra Señora de Gracia tuvo con el tiempo hasta balcones hechos en las paredes del propio hospital para ver las funciones, la verdad es que acabó quedándose pequeño para las necesidades de la ciudad. Por este motivo, en el año 1608 el Ayuntamiento de Murcia comenzó a plantearse la posibilidad de edificar un nuevo teatro. Fue así como en agosto de 1609 se tomó la determinación de abandonar el viejo teatro del Hospital, de titularidad compartida público-eclesiástica, y edificar un nuevo local, ya exclusivamente municipal, que satisficiera la creciente demanda de teatro por parte de la población.

 

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Breve Historia de los Teatros de Murcia (II)

Mar, 04/11/2014 - 10:12 -- MCC

Los trabajos para la construcción del nuevo teatro del Toro comenzaron en el mismo mes de agosto de 1609 sobre unos terrenos cercanos a la puerta de la que tomó el nombre, entre las actuales calles de Eulogio Soriano, Pintor Villacis y Barahundillo. El Ayuntamiento, con el objeto de realizar un edificio que estuviera a la altura de los mejores teatros del país, envió al maestro encargado de las obras a Córdoba para que reprodujese en Murcia la traza de la casa de comedias de aquella ciudad, ya que era considerada la mejor de España. En todo momento la consigna de los regidores fue no escatimar en gastos: se compraron terrenos, se derribaron casas, se trajeron veintiséis columnas de mármol blanco de Macael, se adquirieron losas de mármol, se utilizaron más de cincuenta mil ladrillos, y se pagaron puntualmente todas las obras de albañilería y carpintería que fueron necesarias para la finalización del recinto.

 

En 1612 abrió sus puertas el majestuoso teatro del Toro, una casa de comedias hecha a imagen y semejanza de la de Córdoba. Así, al igual que el teatro de aquella ciudad, el de Murcia contaba con una planta semicircular, o de herradura, dentro de la cual se hallaba el patio dotado con bancos para una parte de los espectadores. El semicírculo que delimitaba dicho patio estaba marcado por las columnas de mármol ya mencionadas. Dieciséis de estas columnas estaban dispuestas en la planta baja para soportar los corredores, y las diez restantes, de longitud inferior, estaban colocadas sobre ese primer piso de corredores para sostener los tejados. En el patio, detrás de las columnas y debajo de los corredores, se alzaban las gradas de madera. En el primer piso, sobre las gradas, había siete aposentos. Incluso en un segundo piso, que debió de existir encima de algún tramo del primer piso, hubo cuatro aposentos más.

Panorámica actual de la confluencia de las calles Eulogio Soriano y Pintor Villacis, muy cerca de la cual se levantó antaño el teatro del Toro.

 

Sin embargo, a pesar de la generosa inversión del Ayuntamiento y de las innovaciones constructivas procedentes de Córdoba, la vida del nuevo teatro del Toro no fue un camino de rosas. El 14 de noviembre de 1613, apenas un año después de su puesta en funcionamiento y durante una función, parte de esta construcción que estaba apoyada contra la antigua muralla árabe se derrumbó matando a veintiséis personas e hiriendo a otras muchas. Si recuerdan esta fecha, se darán cuenta de que es la misma en la que se venía situando un hecho idéntico ocurrido en el misterioso teatro del Trinquete. La cuestión es que el hundimiento del flamante teatro murciano debió de causar una gran conmoción e indignación en la ciudad. Ante tal devastador acontecimiento, dentro del Cabildo hubo dos posturas enfrentadas en cuanto a la manera de actuar con respecto al teatro: una, que era partidaria de restaurar el teatro, y otra, que se oponía por considerarlo “obra falsa” desde la primera piedra hasta el tejado.

 

Finalmente se optó por restaurar el teatro y, tan solo un año después de la tragedia, en 1614, el recinto pudo volver a albergar actividad escénica. Sin embargo, tras veinte años de aparente normalidad, el tiempo acabaría dando la razón a aquellos que se habían opuesto a la restauración, ya que en la década de 1630 comenzó una serie de derrumbamientos parciales que terminaron con otro mayor, en 1633, que volvió a costar vidas, esta vez cerca de los vestuarios. Este hecho fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de los regidores murcianos, los cuales, convencidos ya de la precariedad del inmueble, decretaron el cierre del Toro y el traslado a una nueva casa de comedias.

 

Si en julio de 1633 tuvo lugar la última tragedia en el teatro del Toro, para agosto del mismo año la Ciudad fue capaz de encontrar, adecuar y abrir un nuevo recinto teatral. El lugar elegido en esta ocasión fue un caserón ya existente llamado del Buen Suceso, que pertenecía a la hermandad de San Juan de Dios y se hallaba en la misma plaza de Santa Catalina, muy cerca de la iglesia. Si recuerdan este emplazamiento, se darán cuenta de que la localización es la misma en la que se venía situando el misterioso teatro del Trinquete. La cuestión es que el Ayuntamiento, aunque para la realización de este nuevo espacio pretendió inspirarse en el teatro de Valladolid, poco pudo emular del recinto vallisoletano debido a las prisas.

Panorámica actual de la Plaza de Sta. Catalina. Desde donde antaño fue visible el teatro del Buen Suceso, que sustituyó al del Toro durante unos breves años.

 

Así, en agosto de 1633 abrió sus puertas el nuevo teatro del Casón del Buen Suceso, un inmueble bastante más pequeño que el antiguo teatro del Toro, aunque tuviera una planta baja y otra alta como aquel. Parece que la estructura de este nuevo recinto fue realizada toda en madera y se apoyaba contra las paredes del casón ya existente, al estilo del corral que vimos en el patio del Hospital General de Nuestra Señora de Gracia. Además, debido a las prisas por inaugurar, muchas partes de este teatro se quedaron sin acabar y muchos bancos y gradas tuvieron que ser traídos del viejo teatro del Toro.

 

La verdad es que esta nueva casa de comedias de la ciudad nunca llegó a convencer ni al público ni a las autoridades. Sin duda, a pesar de las desgracias ocurridas en él, todos aún debían de guardar un recuerdo muy vivo de la grandeza y la majestuosidad del clausurado teatro del Toro, lo cual dejaba más en evidencia la falta de espacio y distinción de este nuevo teatro del Casón del Buen Suceso. Además, si a las estrecheces y las incomodidades propias del nuevo lugar, les sumamos los graves problemas estructurales que culminaron en un derrumbamiento parcial del edificio en 1636, sólo tres años después de su inauguración, no resulta difícil de entender que algunos miembros del gobierno municipal comenzaran a plantear la posibilidad de regresar al viejo teatro del Toro, eso sí, siempre que fuera reedificado por completo.

 

 

De esta forma, en 1636 se tomó la decisión de regresar a los abandonados terrenos de la puerta del Toro; en 1638 se comenzó a trabajar en la reedificación del viejo inmueble; y sólo dos años más tarde, en 1640, volvió a abrir sus puertas, cual ave Fénix, el teatro del Toro. Paralelamente, y como ha demostrado con documentos el profesor Sánchez Martínez, el Ayuntamiento de Murcia, viéndose en la obligación de tener que seguir pagando a la hermandad de San Juan de Dios los plazos por el contrato de arrendamiento del local del Buen Suceso, decide darle uso instalando un trinquete de pelota para generar algún beneficio con el que recuperar parte de ese alquiler. Si recuerdan este juego, se darán cuenta de que es el mismo que, según la tradición, había dado nombre al mítico teatro del Trinquete. La cuestión es que en el Casón del Buen Suceso hubo un trinquete de pelota, pero no antes, sino después del teatro.

 

Pues bien, hecha esta última referencia sobre el teatro del Trinquete, creo llegado el momento de retomarlo para, aportando los datos que hemos conocido sobre los teatros del Hospital General, del “primer” Toro y del Buen Suceso, proceder de la mejor manera posible a la resolución del gran misterio del teatro murciano del XVII.

 

Como expusimos en el planteamiento de la cuestión –en la primera entrega-, los eruditos de diferentes épocas habían venido asociando al teatro al Trinquete con una historia y una serie de datos que permitían identificarlo. Sin embargo, como hemos podido comprobar, dicha historia y dichos datos en realidad fueron parte de la vida de otros inmuebles. Así, si del Trinquete se decía que ya existía hacia finales del XVI, los datos han demostrado que el único teatro de importancia en Murcia por aquel entonces fue el del Hospital General de Nuestra Señora de Gracia. Si del Trinquete se decía que estaba ubicado en la plaza de Santa Catalina, los datos han demostrado que el único teatro documentado situado en tal plaza fue el del Buen Suceso. Si del Trinquete se decía que sufrió un grave derrumbamiento en 1613, los datos han demostrado que tal suceso lo padeció el teatro del Toro. Por último, si del Trinquete se decía que debía su nombre al juego que se practicó en su local antes de que lo ocupara el teatro, los datos han demostrado que tal juego sólo estuvo asociado al teatro del Buen Suceso, y siempre con posterioridad a la actividad teatral.

 

Por tanto, visto lo visto sobre este teatro del Trinquete, quizá lo más razonable sea considerar que, a lo largo de los años y de los siglos, las informaciones y las anécdotas pertenecientes a distintos teatros debieron de ir mezclándose y confundiéndose en la tradición oral hasta llegar a crear en la conciencia de la ciudad la ilusión de un teatro que, como tal, nunca existió en realidad. Por ello, una vez estudiados los datos, quizá lo más razonable sea concluir que el mítico teatro del Trinquete no puede ser otro distinto del que existió en el Casón del Buen Suceso, ya que ambos están unidos históricamente por su emplazamiento y su relación con el trinquete de pelota.

 

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Breve Historia de los Teatros de Murcia (III)

Mar, 11/11/2014 - 09:00 -- MCC

Una vez resuelto, al menos de momento, el enigma del Trinquete, ahora sí estamos en disposición de continuar con nuestro trayecto a través del tiempo y el espacio teatrales. Como recordarán, nuestro camino había quedado detenido a la altura del reconstruido y recién inaugurado teatro del Toro, en el año 1640. Pues bien, a partir de este año, y a pesar de los recelos que sin duda tuvo que despertar en muchos, el Teatro del Toro pudo por fin dejar atrás su historia negra asociada a derrumbamientos y muertes, y cambiar así sus tragedias pasadas por las comedias venideras. De esta forma, desde 1640 el renovado teatro del Toro no volvió a ser noticia nunca más por ningún hecho desgraciado y, con sus reformas y reparaciones de rigor, pudo gozar de una larga vida hasta que se determinó su derribo en 1857, es decir, doscientos cuarenta y cinco años después de su primera inauguración.

 

Sentados en los bancos del teatro del Toro podríamos dejar volar la imaginación y tratar de recrear cómo sobre sus tablas desfiló la segunda mitad del siglo XVII, cómo después atravesó raudo su escenario de punta a punta el siglo XVIII, y cómo acabó bajando su telón para siempre el siglo XIX. Tres siglos en total, tres siglos contemplaron este mítico lugar, tres siglos y ahora es como si se lo hubiese tragado la ciudad. El tiempo no perdona, nunca deja de pasar, y nosotros, llevados por los vientos de los siglos, hemos pasado como en un suspiro al XIX sin noticias ni reseñas relevantes sobre la existencia de ningún otro teatro de importancia en Murcia.

 

Sin miedo a equivocarnos, podemos afirmar que el siglo XIX constituyó la época de mayor ebullición del teatro en Murcia. Casi a la vuelta de cada esquina se abría un pequeño teatro cada poco tiempo. Es cierto que a veces se abrían casi tan rápido como se cerraban, pero casi siempre tenían el mérito de haber sido impulsados por asociaciones de aficionados que trataban de cultivarse durante sus ratos libres y de ofrecer un espectáculo enriquecedor a sus vecinos. Además, junto a estas iniciativas particulares que cuajaron de teatros la ciudad, el Ayuntamiento por fin se decidió a realizar el gran teatro que necesitaba Murcia: el teatro de los Infantes, hoy Romea.

 

Para tratar de poner orden en nuestro recorrido por los teatros murcianos de este siglo XIX procederemos, como suele ser recomendable, comenzando por el principio, y siguiendo a grandes rasgos la estela marcada por el periodista Antonio Crespo. Pues bien, el primero de estos locales en abrir sus puertas lo hizo hacia 1850 y fue el teatro de la Cárcel Vieja, llamado así por estar ubicado en el interior de la antigua cárcel de la Santa Inquisición, es decir, entre las actuales calles Plano de San Francisco y Jara Carrillo, justo en el lugar en el que tiempo después se alzaría el palacio de Zabálburu, actual sede del colegio de arquitectos de Murcia. Este recinto teatral resultó improvisado e incómodo, y desarrolló una actividad escasa y esporádica. Además, dicha actividad vino a menguar más si cabe cuando comenzó la competencia con los nuevos teatros Provisional y del Puente, de los que hablaremos inmediatamente.

Panorámica actual del Palacio Zabálburu.

El teatro Provisional debió de abrir sus puertas en 1857, es decir, el mismo año que la ciudad derribó del vetusto teatro del Toro. El lugar que ocupó el recinto estaba situado en la confluencia de las calles Rambla y del Cura, las actuales Saavedra Fajardo y Selgas. El Provisional estaba dotado de palcos principales, plateas, butacas y sillones que le proporcionaban un aforo aproximado de quinientos espectadores. Sin embargo, pese a la estimable capacidad del recinto, el escenario siempre resultó algo pequeño, motivo por el cual ciertas obras se representaron mermadas en su puesta en escena. Hacia 1860 perdemos el rastro de este teatro Provisional, por lo que se cree que su actividad no debió de continuar mucho más allá de 1863 ó 1864.

Panorámica actual de la confluencia de las calles Saavedra Fajardo y Selgas, antiguas Rambla y del Cura, donde antaño se levantó el primer Teatro Provisional.

Entremedias del teatro Provisional y el del Puente debemos hacer una pequeña referencia al teatro del Liceo, un espacio que tenía más de salón de reuniones para amigos de la alta sociedad murciana que de teatro propiamente dicho. El local, del cual no hemos podido conocer su emplazamiento, comenzó su actividad escénica hacia 1857, como el Provisional, aunque las funciones fueron escasas y muy espaciadas en el tiempo. La última noticia que tenemos sobre una obra representada en este lugar es de enero de 1858, es decir, sólo un año después de iniciar su actividad teatral.

 

Como prometimos más arriba, toca ahora detener nuestro paseo histórico a la altura del teatro del Puente, o teatro de la Posada del Puente, un local que tuvo que ser muy pequeño y muy modesto. Dicho teatro se ubicó en el interior del edificio llamado Parador del Rey, nombre gracias al cual podemos situarlo fácilmente junto al puente de los Peligros, al comienzo de la actual avenida de Canalejas. Las primeras noticias que tenemos sobre su actividad teatral son de la navidad de 1858, periodo en el que comenzó a programar funciones en competencia con los mencionados teatros de la Cárcel Vieja y el Provisional. Las noticias sobre su función como teatro desaparecen en diciembre de 1861.

Panorámica actual del edificio Parador de Rey.

Llegados a estas alturas del siglo, 1862, toca encaminar nuestros pasos hacia la antigua plaza del Esparto, hoy Julián Romea, y detenernos en la contemplación del teatro que se alza frente a ella, el mejor y más grande que ha conocido Murcia, el teatro Romea. Sin embargo, para conocer de manera suficiente su historia debemos retroceder algunos años en el tiempo, ya que fue en torno a 1842, bastante antes incluso de la demolición del antiguo teatro del Toro (1857), cuando el Ayuntamiento comenzó las gestiones para adquirir los terrenos que ocupaba del ruinoso convento de Santo Domingo con la intención de construir sobre ellos un nuevo teatro. La idea de la Ciudad era edificar un teatro que estuviese al nivel de los mejores del país, y así lo atestiguan las condiciones bajo las cuales se sacó a concurso la construcción del coliseo en 1857: el teatro debería estar aislado y su fachada dar a la plaza del Esparto, tener una capacidad de entre 1.300 y 1.600 asientos, y ajustarse a un presupuesto de 640.000 reales. Dicho concurso fue ganado por el proyecto conjunto de Diego Manuel Molina y Carlos Mancha, arquitectos que iniciaron la construcción del nuevo teatro de inmediato.

Fotografía de 1862 tomada al Teatro de los Infantes

Las obras avanzaron rápidamente y desde el principio todos pudieron advertir la descomunal envergadura que iba a tener el nuevo edificio. Los 64 metros de largo, 37 de ancho, y 15 de altura, eran unas dimensiones nunca antes vistas en Murcia para un teatro. Cinco años más tarde del inicio de las obras, en 1862, el edificio fue terminado. La impresión que el nuevo coliseo murciano causó en los asistentes a su función de inauguración debió de ser muy grande: butacas de terciopelo grana; palcos y plateas de proscenio de carmesí con adornos dorados; antepechos, pilastras, recuadros y cornisas decorados con exquisitos bajorrelieves; medallones y bustos enlazados con ricas molduras a los costados; y, como no, la celebrada decoración del telón de boca y las pinturas del techo. La inauguración del local, que entonces se llamó teatro de los Infantes, se produjo el 26 de octubre de 1862 y contó con el aliciente de la presencia de la Reina Isabel II, que sólo dos días antes había viajado de Cartagena a Murcia en tren “inaugurando” así  dicho ferrocarril.

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Mar, 18/11/2014 - 10:00 -- MCC

Continuaremos ahora nuestro camino por los demás teatros de la ciudad, aunque eso sí, sin perder de vista al recién inaugurado teatro de los Infantes, ya que volveremos sobre él de manera puntual para dar cuenta, cronológicamente, de sus hitos más importantes. Pues bien, aclarado esto, hablaremos ahora de tres teatros que iniciaron sus actividades en años consecutivos. Nos referimos al teatro del Círculo Industrial, que comenzó su trayectoria hacia 1867; al teatro del Comercio, que se inauguró en 1868; y al teatro de la Juventud, que abrió sus puertas en 1869.

 

Panorámica de lo que fue la plaza de los Gatos,  lugar donde se halló el teatro del Círculo.

Sobre el Círculo tenemos que decir que era una asociación de ciudadanos pertenecientes a diferentes sectores económicos de Murcia y que, aunque este grupo ya existía en 1862, no fue hasta 1867 cuando comenzó sus actuaciones artísticas en un salón dotado de 264 butacas y ubicado en un edificio que daba a la antigua plaza de los gatos, es decir, lo que hoy es la calle Fernández Caballero.

 

Vista de la plaza Joufre, donde estuvo el teatro del Comercio.

Sobre el teatro del Comercio podemos decir que fue regentado por una sociedad de aficionados al arte dramático integrada mayoritariamente por dependientes de comercios radicados en la ciudad. Esta sociedad  se estableció en un pequeño local cuyo salón usaron sus miembros como modesto teatro. Dicho edificio estuvo ubicado en la plaza de Joufré, junto a la céntrica calle de Platería.

 

Vista del comienzo de la  antigua calle de Lucas.

Por último, sobre el teatro de la Juventud diremos que fue el resultado de una labor desarrollada por distintos artistas jóvenes de la ciudad cuyo fin era lograr la enseñanza gratuita universal, para lo cual se establecieron en un local de la calle de Lucas, el cual hoy podríamos situar en el algún lugar de las actuales calles Arquitecto Pedro Cerdán y Radio Murcia.

 

Vista del lugar que ocupó la posada del Malecón.

Paralelamente al azaroso transcurso de las actividades en estos tres pequeños teatros del Círculo Industrial, el Comercio y la Juventud; en el gran teatro de los Infantes tuvo lugar un hecho significativo en mayo de 1872, ya que el coliseo murciano pasó a llamarse Romea por aclamación de un pueblo de Murcia deseoso de rendir así homenaje póstumo a su gran actor. Por otra parte y cambiando de escenario, hacia 1873 fueron fechadas las únicas actuaciones que se dieron en un pequeño salón-teatro que existió en la posada del Malecón. Dicha posada perteneció al amplio centro conventual que tuvieron los franciscanos en Murcia, y su antiguo emplazamiento podemos situarlo actualmente en la cara norte del jardín del Malecón, a la altura del Mercado de Verónicas.

Volviendo a las vidas de los tres mencionados teatros del Círculo Industrial, el Comercio y la Juventud, debemos concluir que todos ellos tuvieron unas trayectorias artísticas irregulares y convulsas durante las breves etapas que estuvieron abiertos. El único de estos tres que logró dilatarse algo más en el tiempo fue el teatro del Círculo y, sin embargo, también conoció la alternancia de largos periodos de actividad con sonados parones, éxitos de público con crisis económicas, y buenos gobiernos con cambios de directivas. Por ello, a pesar del esfuerzo, a finales de 1877, es decir, diez años después de ofrecer su primera actuación, esta sociedad brindó su última función.

Más allá del cierre de ese pequeño teatro del Círculo Industrial, el suceso más importante de 1877 a nivel artístico en Murcia fue sin duda el incendio que sufrió el teatro Romea. Y es que el 2 de febrero las llamas destruyeron completamente la sala de representaciones del recinto, reduciendo así a cenizas los más de 14 años de vida que tenía el coliseo murciano. Sin embargo, a pesar de la conmoción que debió de producir este hecho en la ciudad, los trabajos de reconstrucción se iniciaron de inmediato bajo la dirección del célebre arquitecto Justo Millán. Como es comprensible, durante los tres años que duraron las obras en el interior del Romea, otros locales más pequeños se afanaron en suplir la ausencia del gran gigante doblegado.

 

Vista del actual MUBAM, donde antaño estuvo el Convento de la Trinidad.

Uno de estos teatros improvisados y provisionales que surgieron al calor de los rescoldos del Romea fue el de la Trinidad, que abrió sus puertas en la Navidad del mismo año 1877 y estuvo situado en la planta baja del convento del mismo nombre, es decir, en el lugar donde hoy se alza el museo de bellas artes de Murcia, en la calle Obispo Frutos. La vida de este pequeño local fue corta y poco intensa. A su cierre en 1880 contribuyeron de manera decisiva las reaperturas de dos viejos teatros: el Provisional y el Liceo.

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Mar, 25/11/2014 - 08:00 -- MCC

Localización aproximada del “segundo” Provisional.

La segunda y última etapa del teatro Provisional –la anterior había transcurrido entre 1857 y 1864- echó a rodar hacia marzo de 1878 en un emplazamiento que aprovechaba el edificio que se estaba construyendo para los nuevos tribunales. Es decir, muy cerca de la localización anterior y siempre dentro de lo que hoy sería el complejo que forma la plaza de abastos de Saavedra Fajardo. Este teatro nació con la intención de ofrecer al público un local agradable al que poder asistir mientras terminaban las obras de reconstrucción del Romea. Sin embargo, tan loable propósito no pudo verse cumplido, ya que este nuevo teatro Provisional apenas sí duró un año abierto.

Por otro lado, la apertura de un nuevo teatro del Liceo fue posible gracias a la fusión del decadente Círculo Industrial con un emergente grupo de aficionados que pretendía crear un Liceo o un Ateneo en Murcia. Si el nuevo grupo aportó el empuje y el capital necesarios, el viejo Círculo aportó el local que poseía en la plaza de los gatos, no menos necesario para llevar a cabo el proyecto. Así, a principios de 1878 quedó constituida la flamante Sociedad del Liceo y ya en mayo comenzaron las funciones teatrales en el reformado salón que, como dijimos, hoy estaría en la calle Fernández Caballero. Lo cierto es que la vida de este nuevo Liceo tampoco resultó larga, apenas cinco años en los que se sucedieron algunos éxitos y muchos sinsabores. Un local pequeño e incómodo, reformas poco inspiradas, algún incendio, la riada de Santa Teresa de 1879, problemas económicos... Hacia mayo de 1880 se inauguraron las clases en el Liceo y la actividad teatral quedó relegada a un segundo plano. Todavía se dieron algunas funciones más de manera esporádica, pero éstas finalmente cesaron hacia 1883.

Antes, en 1880, se produjeron dos novedades muy importantes en la Murcia teatral. La primera de las novedades fue que el teatro Romea reabrió sus puertas después de la larga convalecencia a la que lo sometió el incendio que sufriera en 1877. La noche de la reinauguración todos los asistentes quedaron admirados con el fantástico trabajo del arquitecto Justo Millán, que a partir de aquel momento pasaría a ser el de mayor prestigio de Murcia. La segunda de las novedades fue que junto a los antiguos terrenos del segundo teatro Provisional se alzó en apenas cuarenta días un nuevo teatro que llevó por nombre Teatro Circo de la Rambla.

 

Panorámica actual de la confluencia de las calles Saavedra Fajardo y Doctor Fleming, lugar donde antaño se levantó el Teatro Circo de la Rambla.

Deteniéndonos un poco más en este nuevo teatro para dar cuenta adecuadamente de él, debemos confirmar que se construyó rápidamente dentro de los terrenos del antiguo Granero, donde se estaban edificando los nuevos Tribunales de Justicia. Como estas obras avanzaban de sur a norte, el emplazamiento de este local cabe situarlo en la esquina existente entre las actuales calles Saavedra Fajardo y Doctor Fleming, siempre dentro de lo que hoy es la plaza de abastos de Saavedra Fajardo. Pues bien, el Teatro Circo de la Rambla fue el resultado de la iniciativa de los organizadores del Entierro de la Sardina, es decir, de los grupos sardineros de la época.

El local tuvo que ser por fuera de lo más parecido a un circo actual, con su característica cubierta de lona incluida. Sin embargo, por dentro incorporó elementos puramente teatrales, como palcos, plateas y un hermoso telón de boca que hizo las delicias de propios y extraños. En conjunto, el local fue elogiado por su comodidad, buena visibilidad, e incluso por ofrecer cierto lujo. En cuanto a la vida artística que albergó, ésta fue de lo más rica y variada: espectáculos ecuestres, acrobáticos, zarzuelas, obras de teatro… El Teatro Circo de la Rambla irrumpió con fuerza en el panorama teatral de Murcia llegando a competir durante sus primeros años de vida con el poderoso Romea. Lamentablemente, los altibajos de público, la lluvia, que siempre  terminaba calando a los asistentes, y sobre todo las obras de los nuevos Tribunales acabaron por dar la puntilla al legendario teatro hacia 1885.

Panorámica del encuentro de las calles Barítono Marcos Redondo, Gran Vía y José Antonio Ponzoa. Lugar en el que antaño se levantó el teatro Apolo en la desaparecida calle Capuchinas.

Una nueva sociedad de aficionados al teatro llamada Julián Romea decidió saltar al ruedo, o mejor dicho al escenario, en 1882 con la creación de un bonito teatro en el piso bajo de la antigua casa de los Condes de Clavijo, en la extinta calle de Capuchinas y frente al desaparecido convento del mismo nombre. Para aquel que desee visitar la localización que tuvo este local, diremos que ésta se hallaría en medio de la actual Gran Vía de Murcia, a la altura de las calles Barítono Marcos Redondo y José Antonio Ponzoa, que juntas conforman lo que fue la calle Capuchinas. Aunque las actividades artísticas en este coqueto teatro comenzaron en noviembre de 1882, sólo un año más tarde, en 1883, la sociedad Romea entró en crisis y acabó cambiando su nombre por el de sociedad Apolo. Bajo esta nueva denominación, dicha sociedad retomó la vida teatral en su local, ya conocido como Apolo, de la calle Capuchinas, hasta su cierre en 1885.

Vista del nº 8 de la actual calle Vara de Rey.

Por esta misma época parece que hubo dos pequeñas sociedades que compartieron espacio, aunque no tiempo: nos referimos a las sociedades Talía y Cervantes, ya que actuaron en un mismo lugar, pero separadas por un año. Estas dos asociaciones ofrecieron actuaciones en lo que fue la Casa de Corrección, que estaba situada en la calle de la Administración, es decir, aproximadamente hacia el número ocho de la actual calle Vara de Rey. La sociedad Talía comenzó su efímera trayectoria en 1883 y la terminó en 1884. La sociedad Cervantes desarrolló su arte a partir de 1885 y su actividad no debió de ir mucho más allá.

 

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Breve Historia de los Teatros de Murcia (VI)

Mar, 02/12/2014 - 07:48 -- MCC

Para alcanzar el año 1886 debemos cruzar el puente de los Peligros, adentrarnos en el barrio de San Benito -actual barrio del Carmen- y encaminar nuestros pasos por la calle Cartagena hasta llegar al número 78 de la época, que es aproximadamente el 60 de hoy. Así, parados frente al estrecho y envejecido edificio actual podemos cerrar los ojos e imaginar el amplio teatro de verano con cubierta de lona y capacidad para cuatrocientas personas que levantó ahí la sociedad Amigos del Progreso, una de las asocianciones de aficionados al teatro con más mérito que hubo en la ciudad ya que, compuesta mayoritariamente por humildes artesanos y esforzados obreros con escasos medios para acceder a la enseñanza, consiguió hacer realidad un sueño colectivo de progreso basado en el aprendizaje y en la difusión de la cultura.

Panorámica del actual nº 60 de la calle Cartagena, donde antaño fue levantado el teatro del Progreso.

A partir de junio de 1886 comenzaron las actuaciones dramáticas y éstas fueron acompañadas por un rotundo éxito de público. Jaleados por los resultados iniciales, los Amigos del Progreso se lanzaron a la remodelación de su teatro para dotarlo de mayor comodidad y aforo de cara al invierno. Así, se instaló una cubierta más consistente, se levantó una galería con palcos y se construyó un nuevo escenario. Todo lo necesario para convertir el local en un lugar confortable y hasta elegante. Una vez terminadas las obras, la actividad artística en el remozado teatro de la calle Cartagena se hizo frenética durante los últimos meses de 1886 y los primeros de 1887. Los actores estaban entregados, el público entusiasmado, el recinto acompañaba, y las críticas eran favorables. Sin embargo, hacia mediados de 1887 la suerte del Progreso fue a dar un inesperado vuelco con la apertura de un nuevo teatro apenas a una manzana de distancia: el teatro del Porvenir.

El teatro del Porvenir fue levantado en la calle Floridablanca gracias a la acción de una sociedad llamada Amigos del Porvenir. Esta nueva asociación debió de formarse a rebufo del éxito alcanzado por el teatro del Progreso y tuvo que albergar la intención de competir artísticamente con aquel. Más allá de los motivos y las razones, lo cierto es que una competencia tan directa y tan próxima acabó pasando factura a ambos teatros. El coliseo del Porvenir parece ser que estuvo situado entre la plaza de la Media Luna -hoy plaza González Conde- y la calle del Carmen, en los mismos terrenos en los que con el tiempo se levantaría el Cinema Iniesta y más recientemente la discoteca Barbus, es decir, en el actual número 7 de dicha plaza. El teatro del Porvenir se inauguró en junio de 1887, y fue muy elogiado tanto por estar dotado de palcos, plateas, butacas y anfiteatro, como por su armoniosa fachada.

Panorámica del lugar concreto de la Plaza González Conde donde antaño existió el teatro del Porvenir.

Al poco tiempo de abrir este nuevo teatro del Porvenir, el teatro del Progreso tuvo que disminuir el número de sus funciones para poder sobrevivir. Las dificultades económicas debieron de agudizarse hacia 1888, ya que el Progreso fue comprado por Federico Terol, quien procedió a cambiar el nombre del inmueble por el de teatro Terol. Sin embargo, como era de esperar, ni este ni otros cambios surtieron el efecto deseado y el antiguo teatro del Progreso comenzó a languidecer a marchas forzadas ayudado por los nuevos problemas, esta vez estructurales, que le detectaron a su edificio. En 1890 se ofreció la última función en el teatro del Progreso. Paradójicamente, su competidor, el teatro del Porvenir, acabó cerrando incluso antes, en 1889.

Dentro de esta vorágine de aperturas y cierres de teatros que salpicó a casi toda la ciudad en el siglo XIX, hubo uno que por su especial categoría se ganó el derecho de trascender hasta nuestros días junto al insuperable Romea: el Teatro Circo Villar. Sin duda este teatro es el segundo de mayor calidad que ha tenido Murcia a lo largo de su historia, motivo por el cual hoy todos podemos sentirnos muy orgullosos de la reciente restauración que ha permitido rescatarlo del olvido y recuperarlo como parte viva y fundamental de nuestro patrimonio cultural.

Vistas actuales de los accesos al Teatro Circo y de los exteriores de su sala principal.

Aunque su inauguración se produjo en 1892, la gestación del Teatro Circo fue un proceso laborioso que comenzó varios años atrás, concretamente en 1889, cuando una sociedad de empresarios encabezada por Enrique Villar decidió encomendar el proyecto de un nuevo coliseo al prestigioso arquitecto Justo Millán. Una vez aprobados los bocetos del arquitecto, las obras empezaron a finales del mismo año 1889 en una calle Caravija bastante diferente a la actual Enrique Villar. Para empezar, debemos tener en cuenta que la calle recibía el nombre de Caravija por la acequia que la recorría longitudinalmente de oeste a este y que era visible en muchos tramos. Por otra parte, la mencionada calle tan sólo llegaba hasta la altura del solar donde se estaba levantando el nuevo teatro ya que, aunque la calle Puerta Nueva existía, aquella aún no tenía comunicación con esta. Un poco más al norte y al este no había más que huertos que marcaban los límites de la ciudad, por eso el emplazamiento del nuevo teatro dio la impresión de quedar arrinconado en un confín de la ciudad.

Desde el principio, las obras marcharon a buen ritmo en el nuevo Teatro Circo de la calle Caravija. Así, al cabo de pocos meses la expectación en la ciudad fue creciendo al mismo ritmo que los muros de ladrillo se alzaban en el solar y las noticias de las características del inmueble llegaban a la prensa. Las espigadas columnas metálicas de 32 metros de altura y la cubierta circular de 40 metros de diámetro colmaban de admiración a cuantos las veían; las informaciones sobre las futuras seiscientas butacas del patio y las treinta y ocho plateas llenaban de asombro a cuantos las escuchaban. Aún hubo que esperar algún tiempo, pero finalmente el 5 de noviembre de 1892 el flamante Teatro Circo Villar abrió sus puertas al público por primera vez. Aquella función inaugural consistió en un espectáculo ecuestre y acrobático, posteriormente fueron programadas veladas musicales y otros espectáculos a cada cual más sorprendente: en una ocasión se lidió un novillo y en otra la pista se convirtió en un gran estanque, al estilo de las míticas naumaquias romanas, gracias a las canalizaciones con las que Millán había dotado a su edificio para captar el agua de la Caravija.

Sin embargo, a pesar de que la inauguración ya se había producido, el Teatro Circo aún no estaba terminado. En 1893, una vez pasados los primeros espectáculos, las obras se reanudaron para que el estrenado circo pudiera estrenarse también como teatro. La nueva y definitiva inauguración, ya como Teatro-Circo propiamente dicho, se produjo el 14 de octubre de 1893 con una función dramática y musical. Desde entonces, y pese a la dura competencia con el Romea, este recinto de titularidad privada estuvo funcionando como teatro con soltura durante quince largos años hasta que, doblegado por la pujanza del cine, optó por entregarse principalmente a la proyección de películas hacia 1908.

 

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Breve Historia de los Teatros de Murcia (VIII)

Mar, 16/12/2014 - 07:00 -- MCC

A pesar de la despedida tan formal y tan definitiva que parecimos transmitir la semana pasada, debo aclarar que, para todos aquellos que tengan ganas de continuar el fascinante rumbo que la historia de los teatros en Murcia ha descrito hasta nuestros días, me he propuesto seguir este viaje espectacular por el espacio y por el tiempo hasta el presente año 2014. Sin embargo, antes de proseguir, creo necesario advertir de que la mayoría de los nuevos espacios escénicos de la ciudad que nos encontraremos ya no serán susceptibles de ser recorridos a pie, al igual que le ocurrió excepcionalmente al teatro Bernal de El Palmar, ya que muchos de estos nuevos locales por los que pasaremos se hallan en pedanías muy alejadas unas de otras. Y es que la ciudad de Murcia en el siglo XXI ya no es una simple ciudad, sino un extenso término municipal que aglutina decenas de pedanías con necesidades y características muy dispares… Pero antes de llegar al siglo XXI, mejor prosigamos nuestro trayecto retornando al punto en el que lo dejamos, el año 1929.

A partir de los años treinta del siglo XX, la historia de los teatros en Murcia quedó circunscrita prácticamente a la historia del Romea. Durante estas décadas, las iniciativas privadas fueron dejando de lado los obsoletos y deficitarios proyectos escénicos, y apostando por los modernos y rentables negocios cinematográficos. De esta forma, en poco tiempo casi todos los antiguos coliseos de la ciudad fueron desapareciendo o siendo convertidos en cines forzados por esta implacable ley de la oferta y la demanda. Así fue como la imagen en movimiento terminó por sustituir a la carne y al hueso de los seres humanos, las amplias panorámicas al telón y a los decorados de cartón, y la frialdad metálica del blanco y negro al calor de las miradas llenas de vida y de lágrimas. Y así fue como aquella época pasada, en la que multitud de sociedades habían salpicado Murcia de pequeños escenarios, acabó por difuminarse tras la óptica del nuevo arte emergente.

Durante las décadas centrales del siglo XX, la situación teatral no varió demasiado ni en Murcia ni en el resto de España. A la demoledora competencia con el cine se le unieron nuevos competidores como los toros, el fútbol, o la televisión, que acabaron convirtiéndose en masivos y relegando al viejo teatro a un lugar aún más secundario dentro de los gustos de la población. Así, metidos ya en el último cuarto de siglo, concretamente en 1984, el Teatro Circo Villar tuvo que acabar echando el cierre tras un amplio periodo de agonía. Un año más tarde, en 1985, el teatro Romea se sumergió en una profunda reforma decretada por el Ministerio de Cultura dentro de un ambicioso programa para la renovación de los principales coliseos públicos del país. Las obras se dilataron durante tres largos años en los que el teatro permaneció cerrado y la ciudad quedó huérfana de escenarios. Finalmente, y como ocurriera antaño, el siete de febrero de 1988 la Reina de España, esta vez Doña Sofía, acudió a Murcia para presidir la función con la que se volvió a alzar el gran telón del mítico Romea una vez más.

Durante la última década del siglo XX, contra todo pronóstico, la situación teatral en Murcia sí que fue a variar. A nivel mundial el cine ya había comenzado a mostrar sus primeros signos de fatiga provocados en parte por el aumento de los canales de televisión, el desarrollo del video doméstico y el tráfico de copias ilegales. Mientras tanto, el teatro empezaba a despertar de su letargo en parte gracias a las modernas técnicas escénicas, a los nuevos autores y al auge de los espectáculos en vivo que trajo la eclosión de los conciertos de música pop. El público volvió de pronto su mirada al teatro para descubrir en él las cualidades únicas e irrepetibles que dan los espectáculos en vivo. Espectáculos cuyas sensaciones y emociones son imposibles de copiar o reproducir en ningún formato. Así, los tiempos en los que el teatro había sido considerado un arte anticuado, aburrido y marginal fueron poco a poco superándose y quedando atrás. Ahora el teatro volvía a ser percibido como un espectáculo con personalidad y razón de ser por sí mismo.

El teatro como espectáculo culto, interesante, divertido, diferente y vivo empezó a ser tenido como un bien muy recomendable del que las principales capitales del país quisieron gozar con la ilusión de proyectar sobre sus ciudadanos un ideal de distinción y sofisticación. Así, el Ayuntamiento de Murcia, en esta misma línea de promoción cultural, decidió poner en marcha un doble programa de restauración de viejos locales y construcción de otros nuevos encaminado a dotar tanto a la ciudad como a sus pedanías de una red de recintos en los que ofrecer unas programaciones lo más amplias y variadas posibles.

Dentro de la ciudad, este ambicioso plan municipal comenzó a materializarse en 1995 con la inauguración del impresionante Auditorio Regional, que más tarde recibiría el nombre de “Víctor Villegas”. Este moderno y polifuncional edificio situado en los terrenos de la FICA destacó pronto por su descomunal envergadura, su exquisita acústica, su enorme escenario y por su gran aforo para 1768 espectadores, que lo convirtió en el más amplio de todos los espacios escénicos de la Región de Murcia, muy por encima de las 1179 plazas del Teatro Romea.

            Vista actual del Auditorio Víctor Villegas de Murcia.

Ya en los primeros años del siglo XXI, el mencionado plan ha continuado con dos restauraciones muy importantes. La primera ha sido quizá la más espectacular por cuanto ha supuesto la recuperación de un espacio perdido y desconocido para muchos: el Teatro Circo Villar, cuyas gestiones para su rehabilitación comenzaron hacia 2003, y cuyos trabajos  de reconstrucción culminaron con su reinauguración como teatro-circo para 908 espectadores a principios de 2011. La segunda de estas restauraciones ha sido sin duda la más polémica por culpa de su duración, ya que los cinco años que abarcó, desde 2007 hasta 2012, han supuesto el periodo de tiempo más largo durante el cual ha permanecido cerrado al público el teatro Romea en toda su historia.

Dentro del conjunto de pedanías que forman el término municipal de Murcia, el primero de los hitos de este plan de promoción cultural del Ayuntamiento tuvo lugar en Beniaján, mediante la construcción de un pequeño auditorio público con capacidad para 300 personas que fue inaugurado en 1993. Este local sobrio, cómodo, eficiente y multiusos situado en la calle Antonia Maymón se convirtió en el principal modelo de una serie de cinco que, con similares características, se han venido levantando por otras poblaciones de Murcia a lo largo de los últimos veinte años. En el año 2000 fue inaugurado el segundo de estos auditorios en la calle Francisco Rabal del Cabezo de Torres. En 2003, si por un lado le tocó el turno a La Alberca con el estreno del tercero de estos locales municipales en la calle Carlos Valcárcel, también por otro lado se materializó, como ya vimos, la recuperación del mítico teatro Bernal de El Palmar. Ya más adelante, en 2011, han coincidido en el tiempo, pero no en el espacio, las aperturas de los auditorios de Algezares (en la plaza Miguel Ángel Clares) y de Guadalupe (en la calle Francisco Pizarro).  

Auditorio de Beniaján.                                                               Auditorio de Cabezo de Torres.      

Auditorio de La Alberca.                                                      Auditorio de Algezares.                                         

Auditorio de Guadalupe.

 

Profundizando un poco en las peculiaridades de estos cinco nuevos locales que, situados en cinco pedanías distintas, han conseguido crear una interesante red de ofertas escénicas, debemos proceder a analizar dos cuestiones interesantes. La primera es la cuestión del nombre utilizado para bautizar a estos nuevos espacios, y es que ya no se les llamará teatros, sino auditorios. Desde mi punto de vista, esta diferencia léxica radica en un deseo expreso por parte de los rectores municipales de manejar un término para sus nuevos espacios culturales que no remita a un arte en concreto y permita, de esta manera, poder ser válido para asociarse con la mayor cantidad de disciplinas escénicas posibles. La segunda cuestión, que ya mencionábamos de pasada arriba, es la de la existencia de una serie de características que unen a estos cinco auditorios municipales. La primera de estas notas comunes es la sobriedad externa que presentan. La segunda, el tamaño medio y la capacidad para 300 espectadores que ofrecen. La tercera, la sencillez interior que configura un espacio dotado únicamente de un simple escenario y un patio de butacas quizá más propio de un salón de actos que de un teatro.

En definitiva, podemos concluir que estos cinco nuevos auditorios han sido concebidos como edificios austeros, neutros, eficaces y funcionales. Es decir, espacios más bien destinados a acoger dignamente una oferta cultural variada, y no tanto a producir un placer estético a través de su arquitectura o de sus decoraciones.

 

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Breve Historia de los Teatros de Murcia (IX)

Mar, 23/12/2014 - 07:28 -- MCC

Para terminar de manera definitiva con nuestro recorrido por los teatros de la Murcia actual, debemos volver previamente la mirada atrás para recordar aquellas antiguas sociedades que durante todo el siglo XIX cuajaron la ciudad de teatros. Si aquellas sociedades estaban formadas básicamente por aficionados al teatro que actuaban para sus socios y para el público general, hoy en Murcia existe una asociación que utiliza el teatro, no ya como mero entretenimiento más o menos artístico, sino como vía de comunicación, integración y apoyo a niños que sufren una discapacidad o padecen una enfermedad. Como autor de este trabajo, ha sido para mí realmente satisfactorio poder acabar este apasionante viaje haciendo mención a una asociación tan especial como Pupaclown, una asociación sin ánimo de lucro integrada por aficionados al teatro que han decidido dedicar su tiempo y su esfuerzo a provocar las sonrisas del público más agradecido y grande que pueda haber, el de los niños que pasan por dificultades.

La asociación Pupaclown fue creada en 1998 por una serie de profesionales de distintas ramas que se unieron con la loable intención de endulzar el ambiente y elevar el ánimo de los niños que se veían obligados a pasar una temporada en el hospital. Especialmente vinculada a la Arrixaca, esta asociación de payasos comenzó su actividad utilizando como escenario las propias habitaciones del centro sanitario. Más adelante, hacia 2003, con la asociación plenamente asentada y reconocida surgió la idea de ampliar el proyecto a través de la construcción de un espacio escénico independiente en el que se pudieran impartir cursos y representar funciones teatrales para un auditorio en el que estuvieran integrados sin barreras arquitectónicas niños con y sin discapacidades. Así, después de siete largos años de esfuerzos y gestiones, el llamativo y vanguardista teatro de Pupaclown pudo abrir sus puertas el 11 de diciembre de 2010.

Vista actual del Centro escénico de PupaClown.

Para los que puedan dudar de la naturaleza rigurosamente teatral de las actividades de los Pupaclown, diremos brevemente que el personaje de clown, o bufón, está fuertemente unido a la historia del teatro en Inglaterra. De hecho ya en el siglo XVI, ciertas compañías inglesas que trabajaban un tipo de teatro popular y festivo basado en un humor lleno de golpes, caídas y bastonazos estaban dirigidas por un bufón-maestro de ceremonias llamado clown. Por otra parte, el edificio que regentan los Pupaclown en la calle Federico García Lorca del barrio de San Basilio es el único de cuantos se han construido recientemente en Murcia que merece ser llamado teatro con toda propiedad. De hecho la forma semicircular de su coqueta grada con asientos de colores para 300 espectadores recuerda inevitablemente a los clásicos teatros romanos o a los más modernos teatros-circo. Además, por si todo esto fuera poco, debemos recordar que en el teatro Pupaclown se desarrollan extensas programaciones de espectáculos escénicos entre los que tienen una presencia protagonista las funciones de teatro.

Pues bien, cogiendo la característica nariz roja de los payasos de Pupaclown y usándola a modo de guinda o broche final para este trabajo, podemos dar por concluido nuestro fantástico viaje a través del tiempo por los teatros que ha conocido Murcia a lo largo de su historia. Es cierto que ahora que hemos cubierto la última etapa y nuestros pasos se detienen llegados hasta nuestros días, podemos sentir la alegría por el camino recorrido mezclada con la pena por la imposibilidad de continuarlo. Sin embargo, más allá de las alegrías o de la penas, que suelen alternarse y ser fugaces en la vida, he de reconocer que el humilde autor de este trabajo se sentiría especialmente realizado si, llegados a este punto, todos hubiéramos experimentado a lo largo de nuestro camino juntos el placer de buscar y la satisfacción de encontrar.

Nuestra aventura concluye aquí, pero la historia y la vida del teatro en Murcia seguirá escribiéndose mientras haya autores dispuestos a plasmar la vida sobre el papel, mientras haya actores resueltos a representar las obras sobre las tablas, y mientras haya público que dé sentido con su presencia al esfuerzo de tantas vocaciones. Por otra parte, que nuestro camino termine no quiere decir que ustedes no puedan volver a recorrerlo cuantas veces lo deseen, o a profundizar en las historias de los teatros mencionados, o a descubrir las vidas ocultas de aquellos coliseos que se hayan quedado en el tintero. Así, ya sin más dilación y con la sana intención de haberles brindado una función que les haya hecho disfrutar, me despido hasta siempre de todos ustedes haciéndoles una sincera reverencia de gratitud mientras se baja el telón.

Miguel Casas Clemente

 

Bibliografía:

BARCELÓ JIMÉNEZ, Juan (1962) El teatro Romea y otros teatros de Murcia, Murcia, Real Academia Alfonso X el Sabio.

CRESPO  PÉREZ, Antonio (1997) Antiguos teatros de la ciudad de Murcia, Murcia, Real Academia Alfonso X el Sabio.

SÁNCHEZ MARTÍNEZ, Rafael (2009) El teatro en Murcia en el s. XVII (1593-1695): Estudio y documentos, Murcia, Támesis.

 

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San Silvestre y el año de Running en Murcia

Mar, 30/12/2014 - 09:38 -- Juanma Flores

Ahora que termina el año, que por estas fechas muchas de las competiciones de equipo, como el fútbol, están de vacaciones, y que mañana, último día del año, en nuestra ciudad, como en otras tantas de España, se celebra la San Silvestre, aprovechamos para hablar de running y carreras populares. Una afición que va en aumento y cuenta cada día con más practicantes.

Y es que se puede disfrutar de estas carreras en una doble vertiente. Por un lado, como espectáculo en vivo en el que se aúnan competición, premios -en algunos casos nada desdeñables- y una pugna más que interesante entre los mejores de estos circuitos. Un espectáculo que, como los deportes individuales al aire libre y a diferencia de los de los de cancha, depende de colocarse en un lugar adecuado en el que se pueda ver la fase decisiva de la carrera, y así, disfrutar de la emoción, a la par que se tiene cerca a los corredores, pudiendo animarlos y verlos en el desarrollo de su esfuerzo.

La otra vertiente que tienen estas carreras es la de actividad de ocio, ya que cualquiera puede participar. A ellas acude gente de todos los niveles, porque si hay algunos que van a luchar por la victoria, también hay muchísimos otros compitiendo más bien contra ellos mismos, o por el mero placer de participar, hacer una actividad deportiva saludable y pasarlo bien.  

Nuestra ciudad ha consolidado una serie de pruebas que cumple con todo el abanico de competiciones, desde carreras cortas y con un diseño más festivo o solidario, hasta la Maratón, que es la prueba atlética con más exigencia. El núcleo de estas pruebas, que quiere convertir en tradición el ayuntamiento de Murcia, está formado por el Medio Maratón, el cual se celebra por el mes de marzo, los 10 km Ciudad de Murcia, y la ya nombrada Maratón de Murcia, que se realizan ambas en noviembre. Finalmente tenemos la Carrera de Navidad Ciudad de Murcia y la Carrera Pupular San Silvestre ambas en diciembre, una el fin de semana anterior a Navidad, y la otra el último día del año.

Posteriormente, a este mencionado núcleo de carreras, hay que añadir una amalgama, que cada año varía, de carreras desarrolladas en la ciudad, en pueblos cercanos o pedanías, organizadas por clubes locales, y en muchos casos promovidas con fines benéficos, que hacen que prácticamente durante todos los meses del año se pueda participar en alguna, y cuyo pistoletazo de salida se da el 10 de enero con la Night’s Murcia Running 10K, una preciosa carrera que se corre durante la noche por el centro de la ciudad y que este 2015 cumplirá su segunda edición.

Dentro de todas estas carreras hay algunas, como hemos mencionado, que tienen un nivel máximo de exigencia, como la Maratón, y por tanto requieren una gran preparación específica a largo plazo. Pero luego hay otras, que con un nivel más básico de entrenamiento se puede disfrutar de ellas, como son las carreras benéficas, o la más festiva de todas, la San Silvestre de mañana, en la que se da la más multitudinaria participación, y se crea el ambiente más festivo y desenfadado. En ella se puede ver a una gran parte de los corredores luciendo todo tipo de disfraces, y todos los que la corren señalan lo mágico que es correr por algunas de las zonas más emblemáticas de la ciudad, con mucha gente animando durante todo el recorrido, y el placer que produce doblar la última esquina y enfilar la Gran Vía abarrotada mientras ves la estela multicolor de corredores y disfrutas de esa imagen a la vez que echas el resto por llegar. 

Así pues, para quienes se quieran animar a empezar a practicar después de estas fechas tan copiosas en comidas y cenas, una vez hecho el propósito, y comenzando los primeros días, que son los más difíciles, deben saber que, marcándose un nivel de entrenamientos inicial de dos o tres veces por semana y fijando una rutina, poco a poco irán mejorando casi sin darse cuenta y encontrándose mejor. Cumpliendo esos pequeños objetivos de cada uno, dentro de las posibilidades que se tengan, tanto en tiempo para dedicar como en intensidad, se llegará a un momento en el que el gusanillo de probarse a uno mismo en una carrera empezará a picar. Por tanto, quien se lo esté pensando, que no lo dude: uno mismo no se tiene que poner límites, siempre es bueno eliminar toxinas, tonificar, y estar al aire libre liberando cuerpo y mente. Y a partir de ahí, se puede llegar hasta donde uno se proponga.

Los rockeros nunca caerán TheRotados

Dom, 01/02/2015 - 15:13 -- Javier Brooklin...

A lo largo de la historia no han sido pocos los augures que han vaticinado la muerte del rock, sin darse cuenta que lo que ha experimentado son diferentes evoluciones, y que hasta los conciertos de los artistas pop más comerciales no pueden evitar utilizar ciertos hábitos y formas implantadas por los rockeros iniciadores del género. Por ejemplo, cuando éstos aparecen con bandas cuajadas de potentes guitarristas y tirando de solos en medio de sus repetitivas e insulsas canciones como mecanismo para levantar al personal. Y es que el rock ni mucho menos va a morir, lo que sucede es que ha evolucionado en multitud de estilos diferentes, se le ha añadido electrónica, nuevos sonidos, más o menos dureza según los casos, pero siempre conservando una impronta identificable.

Sin embargo, siempre quedarán los que mantienen la tradición del sonido más originario, que adaptaron posteriormente a nuestro idioma algunos grandes artistas en los 70 y 80 como Loquillo, Burning, Radio Futura o Tequila, por citar algunos, y que tantos otros han continuado en épocas posteriores hasta llegar a ejemplos actualmente vigentes como Fito & Fitipaldis o M-Clan. En esa tradición se enmarca el grupo TheRotados, un grupo de la vecina Elche que, con un sonido muy enérgico y pegadizo, ofreció el sábado un explosivo concierto en la Sala Revolver de Murcia.

Empezaron con una buena descarga eléctrica de rock movido y arrollador, liderados por la muy melódica voz de un firme cantante que con su tonalidad, sin duda, a muchos les traerá reminiscencias de Tequila o Pereza, asistido por una guitarra muy poderosa, con unos riffs que hicieron las delicias del respetable en muchos momentos, y bien compactados en un sonido de conjunto muy conseguido. Tocaron temas a tener en cuenta como Lo vas a sentir, con la que iniciaron, Vámonos nena o su nuevo single Ellos no tienen razón.  Destacó, así mismo, el tema World Peace con unas distorsiones, un sonido más experimental y unos estupendos coros.

Ofrecieron también, a lo largo de la actuación, unas muy bien elegidas versiones de Mueve tus caderas de los Burning , Baile de ilusiones de Ariel Rot, y la adaptada al español Like a rolling stone de Dylan, que supieron hacer suyas muy en la línea de su repertorio. Y culminaron la actuación por todo lo alto con la arrolladora Vicio, en un concierto en el que mostraron, no sólo grandes argumentos como banda, sino también que el rock auténtico, mientras haya grupos que lo traten con esta actitud, siempre permanecerá vivo.   

 

Galería de fotos del concierto

Música milenaria para una Murcia milenaria

Dom, 17/05/2015 - 23:38 -- Andrés Cascales...

A veces suele ocurrir que, arrastrados por el tráfago mundano que convierte nuestras vidas en una frenética sucesión de días semejantes, la gran mayoría de los mortales podemos llegar a perder la perspectiva del momento de la historia y del lugar del mundo en los que habitamos y en los que, sólo a veces, vivimos. Pues bien, este pasado sábado sí que tuvimos ocasión de disfrutar, gracias al concierto que ofreció Spyros Kaniaris en la terraza de los Molinos del Río, de uno de esos momentos de paz y armonía tan propicios para recobrar esa perspectiva temporal y espacial olvidada entre el ajetreo de las prisas y los días.

Y es que el concierto que brindó en Murcia este griego afincado en Valencia, licenciado en guitarra clásica, multiinstrumentista, colaborador de la BBC y de Radio 3, artesano sonidos tradicionales y arqueólogo de música popular, fue realmente memorable. De hecho, más que un concierto, lo que ofreció Spyros, flanqueado por Chello Romero y F. Depiaggi, fue una clase magistral en la cual pudimos viajar, a través del folclore, por la historia de la Grecia continental e insular y las regiones próximas al Mar Negro para terminar encontrándonos en una preciosa noche de primavera en la Murcia de principios del siglo XXI.

Así, a lo largo de la velada, que duraría algo más de una hora, tuvimos oportunidad de dejarnos embriagar por las dulces melodías que, sin ningún canto que las menoscabase, fueron desgranando de manera impecable estos tres excelentes músicos a base de percusiones, cuerdas y vientos. También, especialmente destacables y acertadas fueron las explicaciones que, en perfecto español, introdujo Spyros entre tema y tema para que el público pudiese conocer los orígenes de las piezas y, de esa forma, siguiese con mayor implicación el desarrollo del evento. Además, si a todo esto le sumamos los guiños al mundo del cine con los que el músico fue salpicando su repertorio, y que tuvieron en las interpretaciones de Zorba el griego o Misirlou sus hitos más reconocibles, podremos hacernos una idea bastante aproximada de las razones por las que el concierto de Spyros Kaniaris fue un gran concierto y mucho más que un concierto.  

Galería de fotos

La Vuelta vive una agitada etapa en su paso por Murcia

Dom, 30/08/2015 - 12:01 -- Juanma Flores

Interesante tarde de ciclismo, la que se vivió con el regreso de la vuelta ciclista a España a nuestra localidad, en lo que fue una etapa accidentada y nerviosa que propició que se vivieran numerosos acontecimientos.

Y es que el deporte de la bicicleta se caracteriza, a diferencia de la mayoría de disciplinas, por no desarrollarse en un estadio o recinto cerrado. Este hecho, que discurra por carreteras o calles por las que pasamos asiduamente en nuestra vida cotidiana, junto con el de poder ver de primera mano a los corredores a escasos centímetros, hace que tenga un gancho especial a la hora del espectáculo. Y sin duda, competiciones como la Vuelta ciclista a España, que reúne a algunas de las mayores estrellas del pelotón internacional, hace que el interés sea aún mayor.

Además, se puede decir que fue un acierto por parte de la organización hacer un circuito por la Ciudad con un doble paso por el alto de la Cresta del Gallo, ya que hizo que en el pico que preside desde lo alto nuestra ciudad se congregara una numerosísima afición, así como en la zona de meta, la cual lucía llena hasta la bandera por la afición de una Región de Murcia en la que siempre ha estado muy arraigada la pasión por la bicicleta y que ha dado siempre grandes corredores al pelotón.

La etapa estaba encuadrada entre dos días con finales en alto y se presumía lo que se suele llamar una “etapa de transición”. Sin embargo, antes de entrar en la ciudad, ya iba a surgir el primero de los numerosos percances que acontecieron durante el día con una grave caída a la altura de Espinardo. En esta caída Boeckmans se llevó la peor parte, quedando inconsciente y teniendo que ser trasladado de urgencia. Además, también provocó los abandonos de grandes gallos de la carrera como Van Garderen, Dan Martin y Bouhanni.  

En las dos subidas a la Cresta del Gallo hubo numerosas intentonas de escapada que no terminaron de fructificar, pero que dieron lugar a un gran espectáculo. Entre esas aceleraciones destacaron también las de los corredores de casa: Alejandro Valverde, Luis León o Jose Joaquín Rojas -el cual sufrió una peligrosa caída de la que rápidamente se recuperó-. Así, los ciclistas murcianos lucieron especialmente activos en su tierra espoleados por una enfervorecida afición que les jaleaba a su paso.

Pero, finalmente, ningún ataque consiguió despegarse y la etapa terminó con un sprint entre un pelotón bastante reducido por todas las caídas de la jornada. De hecho, en este sprint final tampoco pudo estar el favorito en este tipo de llegadas, Peter Sagan, que fue desequilibrado por una moto de la organización poco antes de la meta. Así, en la llegada a la Gran Vía se impuso el belga Stuyven para finalizar un día en el que la ciudad de Murcia se reencontró y volvió a disfrutar de el gran espectáculo del ciclismo.

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Loquillo, The Waterboys y Sons of Rock conquistan el Cuartel de Artillería

Dom, 20/09/2015 - 20:21 -- Miguel Casas

Larga e intensa noche de rock and roll, la que pudo vivirse este sábado en el Cuartel de Artillería de Murcia gracias a la programación de una velada conformada por tres conciertos y cuatro horas de música en la que Sons of Rock, The Waterboys y, sobre todo, Loquillo hicieron las delicias de las más de 5000 personas que se congregaron en el antiguo recinto castrense murciano.

Así, a eso de las 21:25h, los que se encargaron de abrir el fuego y dar la bienvenida al público fueron los madrileños Sons of Rock, la banda liderada en cuerpo y alma por Alba Céspedes que, a pesar de su juventud, con 4 trabajos de estudio y 8 años de trayectoria, ha logrado abrirse camino a fuerza de rock sobre todo en Inglaterra, donde disfrutan de un reconocimiento que ahora se proponen alcanzar en casa.

Beatless, Al final del túnel, Kiss ´r ass o The police is at my door fueron algunas de las canciones que Sons of Rock esgrimieron sobre el monumental escenario del concierto para dar un breve repaso a su carrera y lo cierto es que sonaron a la altura de las circunstancias. Y es que la voz cálida, poderosa y soulera de Céspedes logró acompasarse a la perfección con los constantes cambios de ritmo de las composiciones más llamativas de la banda y alternarse en el protagonismo con los solos de guitarra que cuajaron buena parte de la actuación.

Además, si a la entrega y a las buenas maneras que mostraron los músicos durante la interpretación de su repertorio, le sumamos las versiones que ofrecieron de Rockin´ in the free world, de Neil Young, y You shook me all night long, de AC/DC, lo que nos quedó fue un concierto de cuarenta minutos que cumplió a la perfección con su función de calentar el ambiente y dejar con ganas de conocer más de esta prometedora banda. Por eso, al final de su actuación, no pudimos sino emular a Miguel Ríos y decir a estos hijos del rock and roll: “bienvenidos”.

Más adelante, sobre las 22:30h, llegaría uno de los momentos más esperados de la velada: la aparición sobre el escenario de The Waterboys, la banda de rock and folk del escocés Mike Scott que, tras diversas etapas de actividad, descanso y cambios de rumbo, vino a ofrecer un buen puñado de sus canciones más legendarias desde 1983 combinándolas con las más recientes de su último disco de estudio, Modern Blues, del pasado 2014.

De esta manera, las nuevas Destinies entwined, Still a freak, Long strange Golden road o Rosalind (you married the wrong guy) se irían alternando de manera magistral con los clásicos A girl called Johnny, Fisherman´s blues o The whole of the moon para ofrecer un repertorio de lo más variado y marcar un ritmo verdaderamente endiablado de principio a fin, y mediante el que The Waterboys no darían ni un segundo de tregua a lo largo de su actuación.

Así, esta experimentada banda de estética country, aire folk, guiños celtas y alma de rock and roll ofreció un espectáculo musical sobresaliente en el que fueron a destacar la potente y excelente voz de su líder, y los largos y apoteósicos desarrollos instrumentales en los que brillaron con luz propia el piano, tocado por el propio Scott, el órgano, en el que derrochó virtusismo Brother Paul, y el violín eléctrico de Steve Wickham, que dotó a The Waterboys de su sonido más característico y reconocible.

Ya para culminar la velada siguiendo la línea in crescendo que habían marcado con sus actuaciones Sons of Rock y The Waterboys, hasta quince técnicos se afanaron sobre el escenario con el fin de obrar los cambios necesarios para dar entrada al plato fuerte de la velada: el regreso de Loquillo a “su casa” para brindar dos años después un concierto de gran aforo en clave de rock o, mejor dicho, en Código Rocker.

Y si parece que sobre Loquillo queda poco que añadir, a nosotros nos gustaría recordar ahora las palabras de Luis Alberto de Cuenca, quien no dudó hace tiempo en referirse al cantante como “caballero medieval” por cuanto de valiente, noble e idealista tiene José María Sanz. Precisamente, unas palabras que nos han sugerido el paralelismo con nuestro más insigne caballero, que si bien no era medieval, sí que enloqueció a consecuencia de la lectura de las hazañas de los héroes de tal época.

Así, a la postre, podemos reconocer desarrollando tal paralelismo que José María Sanz, enloquecido por el rock como Alonso Quijano enloqueció por los libros de caballerías, lo que ha hecho a lo largo de su carrera no ha sido otra cosa que encarnar en nuestros días un nuevo hito de esa locura que, en su acepción cervantina, es cualidad de hombres lúcidos y no enfermedad de hombres cuerdos. Pues bien, esa es la locura que este sábado vino a contagiarnos a todos los presentes Loquillo.

Y ya con su imponente figura recortándose ante los focos, y ya resonando con fuerza el “no olvides, no traiciones” de Rock and roll actitud, Loquillo puso firme a todo el Cuartel de Artillería abriendo su concierto con la contundencia y la precisión de una descarga de fusilería; descarga que no había hecho sino comenzar puesto que a ese primer disparo le siguieron Línea clara, El hijo de nadie, Planeta rock, Memoria de jóvenes airados y El hombre de negro, de Johnny Cash, para cerrar lo que podríamos calificar como la primera mitad del espectáculo.

Justo después, y sin tiempo que perder, llegaría toda una batería formada por algunos de los temas más reconocidos de la carrera de Loquillo: Cruzando el paraíso, El rompeolas, Carne para Linda -que interpretó en el foso y rodeado de público-,  La mataré, Feo, fuerte y formal, El ritmo del garaje, Quiero un camión –que felizmente la ha vuelto a incluir en su repertorio-, o Esto no es Hawai. Es decir, toda una colección de canciones que incendiaron el Cuartel poniendo a bailar y a cantar a todos antes de afrontar la recta final de la velada.

Entonces, si con ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? llegó el reconocimiento a Burning, lo que llegó con Rock and roll star y Cadillac Solitario fue el broche de oro a una noche que se antojó mágica e inolvidable a orillas del Segura. Por eso, al termino del concierto y mientras abandonábamos con parsimonia el recinto, sólo pudimos reconocer la extraordinaria entrega que nos había vuelto a brindar Loquillo, un caballero andante, un verdadero cantante que, superados los 50, ha encontrado en la madurez que platea su cresta su mejor etapa vital y artística.

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El musical Sister act dejó un divino sabor en Murcia

Lun, 02/11/2015 - 17:50 -- Enrique Lucas Ortiz

Desde el pasado viernes hasta el domingo, y razón de dos pases por día, el musical Sister act, uno de los más destacados del año, basado en la película homónima protagonizada en 1992 por Whoopi Goldberg, hizo una parada en Murcia dentro de su gira por todo el país que se saldó con un gran éxito .

La cita fue en el Auditorio Víctor Villegas, un lugar que con su magnífica acústica es ideal para este tipo de espectáculos, y sin duda, no lo fue menos en esta ocasión. La función presentó una cuidada escenografía con una excelente estética setentera, y unas  actuaciones y coreografías cargadas de positividad y magia a ritmo de disco y soul de los 70 que hicieron las delicias del auditorio proporcionándole un entretenimiento de primer nivel.

Y es que ese el objetivo principal de la obra, ofrecer ese entretenimiento sin más pretensiones, durante más de 2 horas manteniendo un nivel constante en el que en  ninguna fase de la función decayó el ritmo. Y todo, a través de una historia sencilla, ya conocida por la película – aunque presenta diversos cambios-  en la que la protagonista, Deloris van Cartier, una cantante criada en las calles que sueña con el gran éxito en el mundo de la música y malvive de club en club en Philadelphia en busca de una oportunidad, presencia el asesinato de un hombre a manos de su novio gangster y dueño del club, y para esconderse de él y de su banda, termina refugiada en un convento.       

El montaje presenta una música original, diferente a la del film, con canciones creadas ex profeso para el musical de Broadway por Alan Menken, y adaptadas aquí al español, con gran gancho algunas de ellas como Llevame al cielo o Es tu voz.  Y de la misma forma, la adaptación al español del libreto realiza algunos chistes con referencias locales -como el de Sor Citroen o el de "Ave María, cuando serás mia"- que consiguen la sonrisa del público, y que junto con un buen ejecutado humor físico, se combinan bien con la mayor fuente de risas de la obra,  que es ese juego con el contraste del carácter disciplinado monacal de las hermanas con las formas bohemias y de la calle de Deloris, que produce ese humor blanco plagado de chistes de tópicos religiosos que mantienen constantes las risas durante los dos actos de la obra.

Y es que las escenas del convento en las que interactúan las hermanas son lo mejor de la función, por lo que, sin desmerecer al grupo de gangsters, con un gracioso numero con falsetes a lo Bee Gees o al amigo policía, son los personajes femeninos, excepción hecha del personaje de monseñor de Fermí Reixach, y su evolución progresiva hasta su desmelenamiento,  los que terminan por sobresalir en la obra. Comenzando por una espectacular Mireia Mambo Bokele, que borda el papel de Deloris mostrándose como un terremoto de energía y simpatía, y una voz auténticamente portentosa. Le da bien el contrapunto la experimentada Angels Gonyalons como madre superiora, y resultan asimismo, muy divertidas los personajes de la tímida novicia María Roberta y la gruesa y extrovertida hermana María Patricia.      

El musical, así pues, cumplió sobradamente su propósito, y, sin engaños dió lo que prometía.  Es un argumento sencillo, pero consiguió hacérselo pasar bien al público durante toda su duración. Al final, el auditorio terminó en pie durante el último número musical moviéndose al ritmo de los protagonistas y abandonando después el recinto con un sonrisa en la boca.         

Espectacular triunfo del UCAM CB ante el Valencia

Dom, 01/05/2016 - 15:43 -- Juanma Flores

En la mañana de 1 de mayo, el UCAM CB Murcia se puso el mono de trabajo y deleitó a los aficionados del Palacio con su mejor partido de la temporada. Y es que, frente al Valencia Basket, equipo revelación de la temporada, y uno de los mejores de Europa, hay que rendir al máximo de tus posibilidades para hacerlos caer.

Y así fue. Los murcianos ofrecieron un partido mágico, con una segunda parte antológica, liderados por un brutal Cabezas, que les permite seguir soñando con unos play-off, que tras los últimos tropezones se estaban complicando demasiado.

La primera parte, sin embargo, no hacía presagiar el gran desenlace final. Comenzaron ambos equipos igualados, permitiendo el intercambio de triples, del que se aprovecharon Campazzo, Antelo o Wood, pero el mayor acierto visitante hizo que en el primer cuarto finalizara con ventaja para los valencianos por 17-23.

Ya en el segundo cuarto, el Valencia se despegó en el marcador con ventajas que rondaban los 10 puntos arriba y los murcianos sufrían para reducir con fogonazos aislados de Antelo, Radovic y Benite. De modo, que el periodo termino con un 36-45 en el luminoso, que no daba buenas vibraciones a un Palacio, que, dado el señalado día del trabajo, unido al día de la madre, lucía con una menor entrada de la habitual.

El tercer cuarto sirvió para ver una gran remontada de los de Katsikaris, que dieron la vuelta a la tortilla, con un parcial de 10-0 al comienzo del mismo de la mano de Faverani y Campazzo. Y la cosa no quedó ahí, porque de la mano de un gran Cabezas y un acertado Wood, el equipo siguió rayando a gran altura para finalizar el cuarto ganando 59-54.

En el tramo final del partido el conjunto murciano deparó unos minutos épicos ante uno de los rivales de más nivel de la liga. La gran intensidad del equipo, el buen hacer de Faverani en el poste bajo, y dos triples espectaculares de Cabezas, hicieron coger una renta de 15 puntos que los valencianos, desbordados, ya no podrían atajar. Mientras, la afición disfrutaba de lo lindo de un soberbio espectáculo de baloncesto. Unas últimas canastas de Benite en los momentos finales finiquitarían el encuentro con el definitivo 80-62, que deja de nuevo al conjunto murciano, a las puertas de los play-off.

Múltiples eventos engalanarán Murcia en su programa de Fiestas de Navidad y Reyes

Mar, 13/12/2016 - 12:43 -- Andrés Cascales...

En el día de ayer la corporación municipal de Murcia presentó un programa para las fiestas de Navidad y Reyes de este año que viene cargado con casi 500 actividades que se irán desarrollando a lo largo de tan señalados días.

A las tradicionales Cabalgata de los Reyes Magos o Desfile de Papá Noel se le unirán actividades con los más pequeños como principales protagonistas que tendrán el Árbol de la Plaza Circular, el Cuartel de artillería, el Jardín de Floridablanca, la Plaza de la Cruz Roja y el Malecón como puntos más destacados.

No faltará la música para acompañar la navidad, y, de este modo, habrá ocasión de disfrutar de ella con, entre otros acontecimientos, el “Christmas Rock”, los acústicos en las plazas de abastos, ópera en la Plaza Belluga, pasacalles con Jazz de Nueva Orleans en la despedida del año y, como no, villancicos tradicionales, como los que tendrán lugar en la Avenida de la Libertad y en otros variados lugares.

También serán importantes citas las exhibiciones de danza urbana, el Festival de teatro “Arte al aire libre” y el novedoso espectáculo “La luz del segura” con efectos y proyecciones sobre los Molinos del Rio o el espectáculo aéreo de llegada de Papa Noel.

Como no podía ser de otra forma, os acompañaremos fielmente estos días con la información todos los espectáculos en vivo que se desarrollen, los cuales podréis consultar en la agenda de murciocio.es, y, asimismo, también podréis ver el programa oficial en el enlace que os dejamos abajo. Así que, solo nos queda desde aquí, ¡desearos que disfrutéis de unas muy felices fiestas y que tengáis la mejor entrada de año!.

Programa oficial Murcia en Navidad (PDF)

El Festival Christmas Rock, como un regalo a los pies del árbol de Navidad

Crear: 12/16/2018 - 12:45

Buscando en la ciudad un lugar en el que poder electrificar nuestros corazones, que laten y siempre latirán a contracorriente, este sábado seguimos el camino que marcaba la estrella de Belén y nos abrimos paso entre el denso tráfico urbano hasta llegar a los pies del imponente árbol de Navidad de la Plaza Circular; lugar en el que, por primera vez, se iba a celebrar el Festival Christmas Rock.

Así, en un entorno bellamente decorado y abarrotado por cientos de personas que no dudarían en acercarse a celebrar la Navidad a ritmo de rock, la octava edición del Christmas echaría a rodar a las 20:30h con la ya clásica introducción instrumental de esa portentosa banda cuya formación nos hemos aprendido de memoria como si fuera la alineación de un equipo campeón: José Antonio Herrera a la guitarra, Marcos Justo al bajo, Miguel Amor a la batería y Joaquín Lucas García a los teclados.

Por tanto, con todas las miradas puestas sobre el escenario y tras la presentación de rigor -y sui géneris- del rapero Vince, la primera actuación de la velada correría a cargo de Carmen Alarcón, voz de Estúpido Flanders, que interpretaría Let it snow antes dar paso a Bruno Laencina, líder de The MeatPies, que próximamente editará su álbum debut en solitario y que, para la ocasión, cantaría el So this is Christmas que popularizó el inolvidable John Lennon.

A continuación, con Carmen La Canija, vocalista de Mono a cero, el español comenzaría a dejarse escuchar en La Redonda gracias a temas como Más allá, de Gloria Estefan, y En Navidad, de Rosana. Seguidamente, en la misma línea, aunque con un estilo bien diferente, aparecería en escena la deslumbrante Amarela para poner en órbita a la audiencia interpretando El espíritu de la Navidad, de Los Planetas, y el siempre emocionante Hallelujah, de Leonard Cohen.

Entonces, afrontando la recta final del festival, llegarían Adrián Riquelme, líder de los prometedores Claim, y el mítico Chema Espejo, alma de Los Crudos, que brillaría con el  Papa's got a brand new bag, de James Brown, antes de que todos juntos -Carmen, Bruno, La Canija, Amarela, Adrián y Chema- llenaran el escenario del Christmas para despedirse del respetable dedicándole sus mejores deseos y, así, concluir un evento que se nos antojaría como un preciado regalo a los pies del árbol de Navidad.

2019, un año de espectáculos para disfrutar en vivo (I)

Crear: 01/08/2019 - 00:14

Como un gran carrusel de ilusiones que nunca deja de girar, este año 2019 que se acaba de estrenar traerá nuevamente a Murcia algunos de los mejores artistas de ámbito nacional e internacional para que los habitantes y visitantes de la Región disfruten de sus espectáculos en vivo.

De esta forma, mirando a los ojos de los intérpretes y sintiendo la emoción a flor de piel junto al resto del público sin distancias ni pantallas ni filtros de por medio, los amantes de los conciertos ya pueden apuntar las primeras fechas confirmadas de las que serán algunas de las citas más destacadas de 2019 en Murcia.

Enero: días 11 y 12, Second en la Sala REM; día 19, Sôber y la Orquesta de cámara de Siero en el Teatro Circo de Murcia; días 24 y 25, Carlos Tarque en la Sala REM; día 26, Micah P. Hinson en la Sala REM.

Febrero: día 1, Nunatak en la Sala Garaje Beat; día 2, concierto de Rufus T. Firefly en la Sala REM; día 7, concierto de Wim Mertens en el Teatro Romea; día 7 concierto de Zenobia en la Sala Garaje Beat; día 9, concierto de Pedro Guerra en el Teatro Circo de Murcia; del 12 al 14, Antonio Orozco en el Teatro Romea; día 16, Pájaro en la Sala Spectrum; día 22 Zahara en la Sala REM; día 30, Brooker T. Jones en el Teatro Circo de Murcia.

Marzo: día 1, Neuman en la Sala Garaje Beat; día 2, Los Vinagres en la Sala Musik; día 6, Korpiklaani en la Sala Garaje Beat; día 8, Saratoga en la Sala Garaje Beat; día 9, Sidecars en el Auditorio Víctor Villegas; día 16 conciertos de Arizona Baby en la Sala REM, y de Crystal Fighters en el Auditorio Fofó; día 17, Film Symphony Orchestra en el Auditorio Víctor Villegas; día 21, Javier Ojeda, Sean Frutos y Miguel Rivera en el Teatro Circo de Murcia; día 23, conciertos de Ketama en el Auditorio Fofó, Varry Brava en la Sala REM, y Cooper en la Sala Spectrum; día 24, Sweet California en el Auditorio Fofó; día 30, Pasión Vega en el Teatro Romea.

Abril: día 2, John Paul Keith en La Yesería; día 5, conciertos de Beret en el Auditorio Fofó, y de Eagle-Eye Cherry en la Sala REM; día 6, conciertos de Los Rebeldes en la Sala REM, de Juanito Makandé en el Auditorio Fofó, y de Funambulista en el Auditorio Víctos Villegas; día 13, Ilegales y Soziedad Alkohólika en el Festival Marea Rock; día 22, conciertos de O´Funkillo y Antílopez en el Auditorio Fofó; día 23, Viva Suecia en el Teatro Circo de Murcia; día 26, conciertos de Los Zigarros en Teatro Circo de Murcia, y de Vanesa Martín en el Cuartel de Artillería de Murcia; día 28, Ara Malikian en el Teatro Villa de Molina.

Mayo: días 3 y 4, conciertos de Noel Gallagher, Second, Two Door Cinema Club, Vetusta Morla, La casa azul, Teenage Fanclub, Miss Caffeina, Roosevelt, Carolina Durante y Alondra Bentley en el Festival WARM UP; día 5, Bob Dylan en la Plaza de Toros de Murcia; día 10, Sex Musem en la Sala REM; día 15, Clara Montes en el Teatro Romea; día 17, Leiva en el Cuartel de Artillería de Murcia; día 31, Toundra en la Sala Garaje Beat Club.

Junio: día 7, Manuel Carrasco en la Plaza de Toros de Murcia; día 15, conciertos de Andrés Calamaro en el Auditorio Fofó, y de Los Secretos en el Teatro Circo de Murcia.

Julio: día 11, Il Divo en la Plaza de Toros de Murcia.

Septiembre: día 27, Raphael en la Plaza de Toros de Murcia.

Octubre: días 18 y 19, Manolo García en el Auditorio Víctor Villegas.

2019, un año de espectáculos para disfrutar en vivo (II)

Crear: 01/09/2019 - 16:37

Como un gran carrusel de ilusiones que nunca deja de girar, este año 2019 que se acaba de estrenar traerá nuevamente a Murcia a algunos de los mejores artistas de ámbito nacional e internacional para que los habitantes y visitantes de la Región disfruten de sus espectáculos en vivo.

De esta forma, mirando a los ojos de los intérpretes y sintiendo la emoción a flor de piel junto al resto del público sin distancias ni pantallas ni filtros de por medio, los amantes de las obras de teatro, danza, ópera, circo o de los monólogos de humor ya pueden apuntar las primeras fechas confirmadas de las que serán algunas de las citas más destacadas de la primera mitad de 2019 en Murcia.

Enero: día 12, zarzuela “Bohemios”, por la Compañía Lírica Nacional, en el Teatro Romea; del 16 al 20, espectáculo “Ovo”, de El Circo del Sol, en el Palacio de los Deportes de Murcia; día 25, obra de teatro “Crimen y telón” en el Teatro Villa de Molina, y el día 26 en el Teatro Romea; día 26, espectáculo de danza por el Ballet Imperal Ruso en el Auditorio Víctor Villegas; día 31, obra de teatro “El Funeral”, con Concha Velasco y Jordi Rebellón en el Teatro Villa de Molina.

Febrero: del 1 al 3, musical “ABBA Live TV” en el Auditorio Víctor Villegas días 2 y 3, obra de teatro “El Funeral”, con Concha Velasco y Jordi Rebellón en el Teatro Romea; día 8, monólogos de humor de JJ Vaquero, Dani Mateo y Raúl Cimas en el Auditorio Víctor Villegas; día 9, espectáculo de danza por el Ballet Flamenco de Sara Baras en el Auditorio Víctor Villegas, y obra de teatro “Rojo”, con Juan Echanove y Ricardo Gómez en el Teatro Romea; día 15, obra de teatro “Fedra”, con Lolita en el Teatro Circo de Murcia; día 16, obra de teatro “Nerón”, por la Compañía de teatro clásico de Mérida en el Teatro Romea; día 23, obra de teatro “Enrique IV”, de Luigi Pirandello en el Teatro Villa de Molina.

Marzo: del 1 al 2, el 10º Festival de Magia en los Teatros Circo de Murcia y Romea; día 6, ópera “Cármen”, de Bizet, en el Teatro Romea; día 8, obra de teatro “El precio”, con Tristán Ulloa, Gonzalo de Castro, Eduardo Blanco y Elisabet Gilabert, en el Teatro Romea; día 10, obra de teatro “No te metas en política tour”, con Miguel Maldonado y Facu Díaz en el Teatro Circo de Murcia; día 16, la obra de teatro “Señora de rojo sobre fondo gris”, con José Sacristán en el Teatro Villa de Molina, y el día 17 en el Teatro Romea; día 22, obra de teatro “Volvió una noche”, dirigida por César Oliva, con Beatríz carvajal y Carlos Santos en el Teatro Romea; del 29 al 31, espectáculo teatral “Carmina Burana”, por La Fura dels Baus en el Auditorio Víctor Villegas; día 30, danza “La desnudez”, de Daniel Abreu, en el Teatro Villa de Molina.

Abril: día 5, obras de teatro “Los caciques”, de Carlos Arniches, en el Teatro Villa de Molina, y “Cuatro corazones con freno y marcha atrás”, de Jardiel Poncela, en el Teatro Romea; día 13 de abril, monólogos de humor de José Mota, Santiago Segura y Florentino Fernández en el Auditorio Víctor Villegas, y obra de teatro “Todas las noches de un día”, con Carmelo Gómez y Ana Torrent, en el Teatro Villa de Molina; días del 24 al 26, zarzuelas “La parranda”, “La revoltosa”, y “La chulapona”, en el Teatro Romea.

Mayo: día 3, danza “Don Quijote”, por el Ballet de Moscú, en el Teatro Romea, y obra de teatro “Los cuernos de don Friolera”, de Valle-Inclán, en el Teatro Villa de Molina; día 4, monólogos de humor de Antonia San Juan y Sara Escudero; día 11, obra de teatro “The Lehman Trilogy”, con Sergio Perismencheta, Víctor Clavijo, Aitor Beltrán, Darío Paso, Pepe Lorente, en el Teatro Circo de Murcia; día 18, obras de teatro “Juguetes rotos”, con Nacho Guerreros y Kike Guaza, en el Teatro Villa de Molina, y “La golondrina”, con Carmen Maura, en el Teatro Romea; danza con el Ballet Nacional de España en el Auditorio Víctor Villegas; días del 30 al 31, obra de teatro “La familia Adams”, en el Teatro Romea; día 31, obra de teatro “El mago”, con María Galiana, José Luis García-Pérez, Clara Sanchís y Tomás Pozzi.

Junio: días del 1 al 10, obra de teatro “La familia Adams”, en el Teatro Romea; día 1, obra de teatro “La culpa”, con Pepón Nieto, Magüi Mira, Ana Fernández y Miguel Hermoso en el Teatro Circo de Murcia; días 7 y 8, obra de teatro “Cinco horas con Mario”, de Miguel Delibes y con Lola Herrera, en el Teatro Circo de Murcia.

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