Jamones con tacones

La música convierte en escenarios las plazas de abastos de Murcia

Lun, 19/12/2016 - 17:28 -- Miguel Casas

Este sábado, desafiando a la copiosa lluvia que caía sobre la ciudad a primera hora del día, no dudamos en lanzarnos a las encharcadas calles de Murcia para salir al encuentro de la música que, gracias a una ingeniosa iniciativa del Ayuntamiento con motivo de la Navidad, se ofrecería en forma de microconciertos para todo tipo de público al cobijo de las ocho plazas de abastos del municipio.

De este modo, la iniciativa, que llevaría a ocho de las bandas jóvenes más interesantes del panorama regional a brindar sus propuestas en tres breves recitales que se sucederían a las 11:30h, a las l2:30h y a las 13:30h, encaminaría nuestros pasos, para comenzar la mañana, hacia el mercado de Saavedra Fajardo, que sería la sede de las actuaciones de Bosco. Sin duda, uno de los grupos que durante los últimos tiempos con más fuerza ha logrado irrumpir en nuestra escena y trascender fuera de ella.

Así, con David Moretti, Jesús Fictoria y José Perelló llenando de vida a Bosco, el concierto comenzaría con los delicados acordes de Lo natural antes de ofrecernos dos piezas como Little girl lost y Piper, en las que las suaves caricias melódicas y los furiosos arranques sonoros se fundirían armónicamente al compás de la voz cantante de Moretti. De este modo, danzando alrededor de una mística hoguera con New pire, el recital de Bosco culminaría con su celebrado Children of the island, contagioso reggae de inquieto ritmo cantado en inglés y español, para ofrecernos una breve, pero cuidada, selección de temas de “El elixir mágico/Una nueva hoguera”, el doble disco debut  de esta banda fresca, original y ecléctica en cuyas actuaciones musicales confluyen artes tan diversas y complementarias como la poesía, el teatro y la literatura.

A continuación, dejando a Bosco preparando el siguiente pase de su función sobre los cimientos que un día ocupó el Teatro Provisional, abrimos nuestros paraguas y salimos a las calles colmadas de agua y desiertas de gente para poner rumbo al mercado de Verónicas, la plaza de abastos más importante de Murcia, en cuya planta superior, a eso de las 12:30h, Jamones con tacones ofrecería la segunda de sus tres actuaciones programadas.

Ya en el interior del recinto y con la presencia de la siempre bienvenida televisión, el sexteto de simpático nombre -reducido a trío para la ocasión- arrancaría su concierto con La culpa es de Bob Dylan y Carne fresca, dos temas con los que quedaría clara la naturaleza mestiza de esta banda que ha encontrado en estilos tan variados como el hip-hop, la cumbia, el funky, el rap, el swing, el ska, el jazz o el reggae una fuente inagotable de inspiración para elaborar divertidas y elegantes canciones llenas de ritmo y descaro. Así, con Jorge Rodríguez a la guitarra y a la voz, Manu Rodríguez al saxo y José Manuel Lucas a la trompeta, el recital avanzaría rápido presentando no solo temas como Delicatessen o Mi mongola favorita, que estarán presentes en el primer disco de Jamones, “Lukin for de fango”, sino también otros como No hay dinero, que habrán de esperar al segundo.

Terminado el concierto, y despidiéndonos de Jamones con tacones no sin mirar con cierta inquietud al cielo que seguía descargando agua sin tregua sobre la ciudad, salimos de nuevo a las calles convertidas ya en arroyos para encaminar nuestros pasos hacia otra plaza de abastos; en esta oportunidad la de San Andrés, donde para las 13:30h habría de tener lugar la tercera y última actuación de Riberica Espuña.

Disfrutando del extraordinario paseo por Murcia hasta casi llegar a cantar bajo la lluvia, arribamos al mercado de San Andrés justo a tiempo para tomar asiento y pedir un reconfortante café con leche –o relaxing cup, que diría aquella- antes de que comenzara su recital la joven cantautora murciana Riberica Espuña. La compositora, de rostro sereno, voz dulce y manos ágiles a la guitarra, desplegaría un interesante repertorio en el que mezclaría canciones propias como El vals de la playa, Cómo sería o La villa sin tiempo con versiones entre las que destacaríamos A cántaros, del cantautor y poeta extremeño Pablo Guerrero. De esta manera, remitiendo a las coordenadas clásicas de la canción de autor que arraigó en España entre las décadas de los 60 y los 70 del pasado siglo, Espuña acabaría completando un concierto más que satisfactorio en el que la temática amorosa y las melodías suaves en clave de baladas serían las claras protagonistas.

Ya concluido el concierto y con él la singladura por las calles de Murcia que nos llevó a visitar tres de los ocho mercados públicos en los que se programó música en vivo este sábado, emprendimos el camino de vuelta a casa un tanto contrariados por mal tiempo que obligó a muchos a quedarse en casa, aunque a la vez contentos por la calidad y la variedad que, una vez más, haga sol, llueva, nieve o truene, mostraron los músicos murcianos sobre las tablas. Por eso, aunque esta vez las cosas no salieran como habría cabido esperar, bien haría nuestro Ayuntamiento en perseverar en su apoyo a la escena local y regional, ya que precisamente es la música hecha aquí uno de los mayores activos con los que cuenta Murcia y una de las herramientas más atractivas y eficaces para conseguir que esa ciudad culta, divertida, inquieta y moderna con la que todos soñamos se haga realidad.  

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Rey Lobo, Jamones con Tacones, Galleta Piluda y Atrezo culminan el mejor Big Up!

Crear: 10/09/2017 - 04:36

Superado el descanso de mediodía, la Ruta Oro del Festival Big Up! se reanudaría en el barrio de Santa Eulalia; concretamente, en un nuevo espacio abierto en la confluencia de las calles Victorio y Horno que, al menos estéticamente, resulta más que discutible por el hecho de que deja al aire los laterales recubiertos de poliuretano de dos edificios sin fachadas ni ventanas hacia el lugar, y a la vista de todos las interioridades –o sea, la ropa tendida- de un pequeño patio de vecinos.

En cualquier caso, consideraciones urbanísticas aparte, lo cierto es que, bajando un poco la mirada, el Huerto de Santa Eulalia cumpliría mejor que bien con la función de ofrecer un rincón cómodo y acogedor para la que sería, precisamente, la propuesta sonora más intimista de todas. De esta forma, con los jovencísimos Rey Lobo listos sobre el escenario, decenas de personas atravesarían el umbral del huerto urbano para dejarse seducir por las suaves melodías lanzadas al aire y las delicadas letras susurradas al oído presentes en el primer EP de la banda, “Non duermas”. En rigor, canciones como Media legua, Camino hondo o Petrolos que, plantadas cual semillas en terreno fértil, acabarían haciendo florecer numerosos racimos de sinceros aplausos en torno a la formación.

Más adelante, a las 18:20h sobre los restos del alcázar musulmán y del primer teatro que tuvo la ciudad, o, lo que es lo mismo, entre la iglesia de San Juan de Dios y el instituto Francisco de Cascales, serían Jamones con Tacones los encargados de brindar la segunda actuación vespertina de la Ruta Oro ante más de doscientas personas que no dudaron en acudir a la calle peatonal para vivir la fiesta de soul, reggae, blues, hip-hop y funky en la que siempre convierten sus directos -toquen en un auditorio, en una sala, en un mercado o en la calle- este inquieto sexteto de músicos sin fronteras ni límites. Así, haciendo volar al respetable con su excelente sección de vientos, Jamones partirían de su esperado álbum debut, “Lukin for de fango”, para ir alternando piezas de este trabajo como Mi mongola favorita o Somos jóvenes con otras que quedaron fuera del mismo como La resaca o Auténtico.

Entonces, a eso de las 19:50h y con el Edificio Moneo del Ayuntamiento haciendo de telón de fondo, llegaría uno de los espectáculos más esperados del Big Up!: el concierto del dúo humorístico-musical Galleta Piluda. De este modo, con cientos de personas arremolinándose en torno a Vicente Navarro y a Alberto Botías, los inventores del garrulismo yeyé no tardarían en dejar boquiabierto al personal repasando sus tres discos editados desde 2015 con canciones como de Nevando en Orlando, Perri el erizo, Klaus, Klaus o Vibrador violador, ésta última, perteneciente a su LP “Chuflagaitas”. Por tanto, sin miedo, sin vergüenza y hasta sin zapatos, los piludos, divertidos y disparatados como ellos solos, desplegarían su rock de raíces sesenteras -psicodélico y experimental- en el que, prescindiendo de usar guitarras o bajo, sería el órgano Farfisa de Navarro el que daría cuerpo a unas letras absolutamente delirantes.

Finalmente, aún con una sonrisa dibujada en la cara, serían muchos los que seguirían la Ruta Oro del festival hasta llegar a la Muralla de Verónicas, donde ya esperaban puntuales a su público Atrezo. Así, con José Fructuoso y David Pina acompañados para la ocasión por el pianista Pablo de Torres, la banda ofrecería una cuidada selección de cinco temas con los que, además de presentar su primer EP, “Mírame”, también interpretarían prometedores adelantos de su próximo trabajo discográfico tales como Ahora es el momento o Solo somos, ésta última, todavía sin título oficial. De esta manera, bailando a los pies de la muralla de Murcia al son de ágiles, rápidas y luminosas canciones pop como Quiero que sea el final o Lo tengo decidido, el público disfrutaría de lo lindo del cierre de fiesta de un Big Up! en el que, lejos de los altibajos de años anteriores, las seis bandas participantes, cada una en su estilo, rayaron a un nivel fantástico.

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