Jaime Urrutia

Jaime Urrutia para, templa y manda en la Sala REM

Mar, 08/11/2016 - 00:54 -- Miguel Casas

Este sábado, de la mano de la empresa Lady Guitar, arribó al albero de la murciana Sala REM Jaime Urrutia, diestro compositor y figura clave que, durante los últimos treinta años, ha escrito y cantado buena parte de las páginas más brillantes de la historia de la música popular española.

Así, a eso de las 00:00h y ante una sala que iba a lucir llena hasta la bandera, Jaime Urrutia haría el paseíllo sobre las tablas de la REM para recibir los primeros aplausos del respetable mientras ocupaba el centro del escenario flanqueado, a su derecha, por el pianista Esteban Hirschfeld y, a su izquierda, por el guitarrista Juan Carlos Sotos.

De este modo, presentándose en formato trío acústico, Urrutia abriría la velada haciendo sonar Pecados más dulces que un zapato de raso, Amor prohibido y ¿Dónde estás? para sacar a relucir el timbre de una voz grave y profunda que supo modular adecuadamente en la interpretación de estos tres temas con los que trajo a la memoria aquellos que han sido, hasta la fecha, sus tres discos más celebrados: “Camino Soria” y “Privado”, con Gabinete Caligari, y “Patente de Corso”, en solitario.

Acallados los últimos compases de la mítica balada rock que grabara con Enrique Bunbury, Andrés Calamaro y Loquillo, el madrileño reivindicaría la valía de esa parte de su repertorio menos conocida para el gran público a través de canciones como Mi buena estrella, que fue inspirada por la obra de David Bowie, o Mentiras, que fue compuesta, precisamente, por Juan Carlos Sotos.

A continuación y cambiando de tercio, Jaime Urrutia, de rictus serio, mirada penetrante y sonrisa franca, deslizaría dos auténticos himnos que pusieron boca abajo la Sala REM: Al calor del amor en un bar y La sangre de tu tristeza. Entonces, consciente de la necesidad de parar y templar los caldeados ánimos, el cantante bajaría el tempo para interpretar la entrañable Amor de madre y la luminosa Castillos en el aire.

Más adelante, cruzando el ecuador del concierto, Urrutia, visiblemente satisfecho y Completamente feliz, obsequiaría con Cuatro rosas a un público que correspondió a semejante regalo coreando cada una de las estrofas de ésa, que es una de las más hermosas canciones que se han escrito en nuestra lengua. De esta manera, poniéndose el mundo por montera, el madrileño encararía la recta final de su recital cantando Suit nupcial antes de epatar por completo al público con ¡Qué barbaridad!

Tras el paso de rigor por el camerino previo a los bises, Urrutia, Hirschfeld y Sotos retornarían a escena para recordar al primigenio Gabinete, siniestro y punk, de Golpes antes de tocar la eterna Camino Soria, canción con la que se le habría debido dar a la velada una estocada más que definitiva si no hubiera sido por el pinchazo en el que incurrió la banda a causa de un inoportuno desajuste que, sin embargo, el público murciano, comprensivo y generoso, supo disculpar y hasta aplaudir.

No obstante, solo dos canciones más tarde los músicos ya no dejarían escapar a su presa y, ejecutando la suerte suprema al natural, lograrían rematar la faena obteniendo el beneplácito de la afición con La culpa fue del cha-cha-chá, tema que sirvió para cerrar entre olés, ovaciones y aclamaciones un recital ciertamente equilibrado que transcurrió ágil y que mantuvo al respetable durante casi una hora y media cantando y bailando al ritmo de los veinte pases que, con mano firme, dio el maestro Jaime Urrutia.

Por eso, después de lo vivido en la abarrotada Sala REM de Murcia, quizá con lo que deberíamos quedarnos es, por encima de todo, con la comunión tan sentida y emocionante que se produjo entre uno de nuestros artistas más apreciados y un público que, al igual que hicieran los británicos con George Harrison o los norteamericanos con Roy Orbison, supo tributar a su héroe el reconocimiento que solo los más grandes merecen.

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Jaime Urrutia y Oh Brother! coronan una noche llena de emociones en el Infante Juan Manuel

Crear: 05/28/2018 - 01:41

Este sábado y al calor de la fiesta popular, cerca de dos mil personas se dieron cita en el murciano Jardín Nuestra Señora de la Fuensanta para vivir la noche grande de las Fiestas del Infante Juan Manuel atraídos por la calidad de un programa musical que anunciaba en lo alto del cartel los nombres de Jaime Urrutia y Oh Brother!

De este modo, en un recinto coqueto, bien dotado y que luciría lleno para la ocasión, los encargados de abrir la velada a eso de las 23:00h serían Oh Brother!; banda formada por tres de los mejores músicos de la Región y especializada en la reinterpretación en clave folk de grandes clásicos del pop y el rock anglosajón de la década de los 70.

Así, demostrando que también en el campo de las versiones es posible encontrar un amplio margen para la creatividad cuando los que las realizan son artistas del talento de Pito Hervás, Miguel Bañón y Carlos Vudú, Oh Brother! desplegarían un repertorio de canciones tan celebradas como You can´t always get what you want, de The Rolling Stones; Walk on the wild side, de Lou Reed; Stuck in the middle with you, de Stealers Wheel; o Venus, de Shocking Blue, con las que conseguirían hacer las delicias del público, contagiar su pasión por el folk y poner el ambiente a la temperatura ideal para la llegada de Jaime Urrutia.

Más adelante, superadas las 00:00h y tras el lanzamiento de unos fuegos artificiales que servirían para poner de manifiesto el carácter festivo de la jornada y amenizar la espera entre las actuaciones, el telón se levantaría al cielo de la noche murciana para que el respetable le dedicara su primera ovación al maestro Jaime Urrutia mientras, de fondo, sonaban los imponentes acordes del pasodoble Gallito.

Entonces, con todas las miradas centradas en él, Urrutia, arropado por Los Corsarios, arrancaría su recital templando los ánimos con Delirios de grandeza para, acto seguido, desatar las pasiones entre el público brindando un primer tercio de espectáculo en el que sonarían Tócala, Uli, Cuatro rosas o ¿Dónde estás?; canciones que brillarían con luz propia, a pesar de los problemas técnicos que padecieron los músicos durante esta fase inicial del concierto.

De esta forma, superando las dificultades gracias a la experiencia del cantante y a la entrega de unos Corsarios entre los que destacaría la presencia de Juan Luis Ambite al bajo y Esteban Hirschfeld a los teclados, el espectáculo no tardaría en enmendarse y avanzar con energías renovadas hacia su segundo tercio; etapa en la que serían protagonistas piezas memorables de la carrera de Jaime Urrutia, como El calor del amor en un bar, Vestida para mí, La sangre de tu tristeza o Más dura será la caída.

A continuación, afrontando el último tercio de la velada, Urrutia seguiría interpretando sin descanso éxitos conocidos por todos que darían buena cuenta de su magnífica trayectoria tanto con Gabinete Caligari como en solitario. Así, tras entonar la arrebatadora ¡Qué barbaridad! o la deliciosa Suit nupcial, el cantante se encargaría de recuperar ese monumento musical y literario que levantó a la ribera del Duero en 1987 titulado Camino Soria.

En consecuencia, con todos los asistentes cantando a voz en grito, el recital se adentraría de la manera más feliz posible en una recta final en la que también serían coreados temas como Pecados más dulces que un zapato de raso, Golpes, Nadie me va a añorar y, cómo no, La culpa fue del cha-cha-cha. Canción, esta última, con la que Jaime Urrutia y Los Corsarios pusieron el colofón, tras más de una hora y media de actuación, a una velada inolvidable.

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