Cuartel de Artillería

Loquillo, The Waterboys y Sons of Rock conquistan el Cuartel de Artillería

Dom, 20/09/2015 - 20:21 -- Miguel Casas

Larga e intensa noche de rock and roll, la que pudo vivirse este sábado en el Cuartel de Artillería de Murcia gracias a la programación de una velada conformada por tres conciertos y cuatro horas de música en la que Sons of Rock, The Waterboys y, sobre todo, Loquillo hicieron las delicias de las más de 5000 personas que se congregaron en el antiguo recinto castrense murciano.

Así, a eso de las 21:25h, los que se encargaron de abrir el fuego y dar la bienvenida al público fueron los madrileños Sons of Rock, la banda liderada en cuerpo y alma por Alba Céspedes que, a pesar de su juventud, con 4 trabajos de estudio y 8 años de trayectoria, ha logrado abrirse camino a fuerza de rock sobre todo en Inglaterra, donde disfrutan de un reconocimiento que ahora se proponen alcanzar en casa.

Beatless, Al final del túnel, Kiss ´r ass o The police is at my door fueron algunas de las canciones que Sons of Rock esgrimieron sobre el monumental escenario del concierto para dar un breve repaso a su carrera y lo cierto es que sonaron a la altura de las circunstancias. Y es que la voz cálida, poderosa y soulera de Céspedes logró acompasarse a la perfección con los constantes cambios de ritmo de las composiciones más llamativas de la banda y alternarse en el protagonismo con los solos de guitarra que cuajaron buena parte de la actuación.

Además, si a la entrega y a las buenas maneras que mostraron los músicos durante la interpretación de su repertorio, le sumamos las versiones que ofrecieron de Rockin´ in the free world, de Neil Young, y You shook me all night long, de AC/DC, lo que nos quedó fue un concierto de cuarenta minutos que cumplió a la perfección con su función de calentar el ambiente y dejar con ganas de conocer más de esta prometedora banda. Por eso, al final de su actuación, no pudimos sino emular a Miguel Ríos y decir a estos hijos del rock and roll: “bienvenidos”.

Más adelante, sobre las 22:30h, llegaría uno de los momentos más esperados de la velada: la aparición sobre el escenario de The Waterboys, la banda de rock and folk del escocés Mike Scott que, tras diversas etapas de actividad, descanso y cambios de rumbo, vino a ofrecer un buen puñado de sus canciones más legendarias desde 1983 combinándolas con las más recientes de su último disco de estudio, Modern Blues, del pasado 2014.

De esta manera, las nuevas Destinies entwined, Still a freak, Long strange Golden road o Rosalind (you married the wrong guy) se irían alternando de manera magistral con los clásicos A girl called Johnny, Fisherman´s blues o The whole of the moon para ofrecer un repertorio de lo más variado y marcar un ritmo verdaderamente endiablado de principio a fin, y mediante el que The Waterboys no darían ni un segundo de tregua a lo largo de su actuación.

Así, esta experimentada banda de estética country, aire folk, guiños celtas y alma de rock and roll ofreció un espectáculo musical sobresaliente en el que fueron a destacar la potente y excelente voz de su líder, y los largos y apoteósicos desarrollos instrumentales en los que brillaron con luz propia el piano, tocado por el propio Scott, el órgano, en el que derrochó virtusismo Brother Paul, y el violín eléctrico de Steve Wickham, que dotó a The Waterboys de su sonido más característico y reconocible.

Ya para culminar la velada siguiendo la línea in crescendo que habían marcado con sus actuaciones Sons of Rock y The Waterboys, hasta quince técnicos se afanaron sobre el escenario con el fin de obrar los cambios necesarios para dar entrada al plato fuerte de la velada: el regreso de Loquillo a “su casa” para brindar dos años después un concierto de gran aforo en clave de rock o, mejor dicho, en Código Rocker.

Y si parece que sobre Loquillo queda poco que añadir, a nosotros nos gustaría recordar ahora las palabras de Luis Alberto de Cuenca, quien no dudó hace tiempo en referirse al cantante como “caballero medieval” por cuanto de valiente, noble e idealista tiene José María Sanz. Precisamente, unas palabras que nos han sugerido el paralelismo con nuestro más insigne caballero, que si bien no era medieval, sí que enloqueció a consecuencia de la lectura de las hazañas de los héroes de tal época.

Así, a la postre, podemos reconocer desarrollando tal paralelismo que José María Sanz, enloquecido por el rock como Alonso Quijano enloqueció por los libros de caballerías, lo que ha hecho a lo largo de su carrera no ha sido otra cosa que encarnar en nuestros días un nuevo hito de esa locura que, en su acepción cervantina, es cualidad de hombres lúcidos y no enfermedad de hombres cuerdos. Pues bien, esa es la locura que este sábado vino a contagiarnos a todos los presentes Loquillo.

Y ya con su imponente figura recortándose ante los focos, y ya resonando con fuerza el “no olvides, no traiciones” de Rock and roll actitud, Loquillo puso firme a todo el Cuartel de Artillería abriendo su concierto con la contundencia y la precisión de una descarga de fusilería; descarga que no había hecho sino comenzar puesto que a ese primer disparo le siguieron Línea clara, El hijo de nadie, Planeta rock, Memoria de jóvenes airados y El hombre de negro, de Johnny Cash, para cerrar lo que podríamos calificar como la primera mitad del espectáculo.

Justo después, y sin tiempo que perder, llegaría toda una batería formada por algunos de los temas más reconocidos de la carrera de Loquillo: Cruzando el paraíso, El rompeolas, Carne para Linda -que interpretó en el foso y rodeado de público-,  La mataré, Feo, fuerte y formal, El ritmo del garaje, Quiero un camión –que felizmente la ha vuelto a incluir en su repertorio-, o Esto no es Hawai. Es decir, toda una colección de canciones que incendiaron el Cuartel poniendo a bailar y a cantar a todos antes de afrontar la recta final de la velada.

Entonces, si con ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? llegó el reconocimiento a Burning, lo que llegó con Rock and roll star y Cadillac Solitario fue el broche de oro a una noche que se antojó mágica e inolvidable a orillas del Segura. Por eso, al termino del concierto y mientras abandonábamos con parsimonia el recinto, sólo pudimos reconocer la extraordinaria entrega que nos había vuelto a brindar Loquillo, un caballero andante, un verdadero cantante que, superados los 50, ha encontrado en la madurez que platea su cresta su mejor etapa vital y artística.

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Enrique Bunbury sigue siendo un héroe

Sáb, 23/07/2016 - 08:35 -- Miguel Casas

Convencidos, como Georges Bataille, de que en el arte la idea de forma solo puede ser concebida desde la asimilación de su naturaleza mutable, este jueves nos acercamos al Cuartel de Artillería de Murcia para presenciar el concierto de Enrique Bunbury; precisamente, uno de nuestros músicos a lo largo de cuya obra es posible percibir con mayor nitidez –al igual que en “L´informe” o en “I Ching”- la existencia de ese principio metamórfico que rige el desarrollo de toda forma, sea artística o no.

Así, a eso de las 22:00h y con el ambiente de las grandes ocasiones llenando de expectación la amplia plaza de armas del recinto, nos dispusimos a leer junto a Bunbury su “Libro de las mutaciones”; último disco editado del cantante zaragozano en el que éste ofrece en directo una interesante visión retrospectiva de algunos de los temas clave que han marcado la evolución -y las mutaciones- de su música desde que fuera líder de Héroes del Silencio hasta nuestros días.

De este modo, con todo listo sobre el escenario, Enrique Bunbury arrancaría la velada con Iberia sumergida para, a continuación, proseguir con canciones como El club de los imposibles, Destrucción masiva, Sirena varada, Porque las cosas cambian, y concluir con El camino del exceso y Avalancha lo que podríamos calificar como la primera parte de un recital en la que tuvieron un peso destacado temas de Héroes que sonaron, en líneas generales, más pausados que en sus versiones originales.

Más adelante, y ya metidos en la segunda fase del concierto, la visión se ampliaría poniendo el acento en la carrera en solitario del aragonés mediante una colección de éxitos que resultaron verdaderamente irresistibles. Y así, serían interpretados temas como Que tengas suertecita, Alicia, El extranjero, Infinito o Despierta en los que Bunbury se entregó por completo y que fueron coreados por las cinco mil personas que llenaron el recinto -más limitado de lo habitual- del Cuartel de Artillería.

Afrontando la recta final y observando cómo la luna llena se elevaba por encima de los antiguos pabellones militares iluminando la noche, llegarían dos nuevos guiños a Héroes del Silencio con Mar adentro y Maldito duende antes de que se pusiera fin con Lady Blue a un recital que tuvo, ya en los bises, una última apelación a la edad heroica de Bunbury con La chispa adecuada y que concluiría definitivamente con Y al final a las 00.10h.

Y al final, acerca de la velada del jueves, bien podría destacarse, junto a la solvencia de la banda y al derroche vocal de Bunbury, el acierto en la elaboración de un repertorio en el que los temas de Héroes del Silencio, sonando más maduros y acompasados, lograron integrarse a la perfección en el conjunto del espectáculo para demostrar que, aunque Bunbury habrá de mutar para ser fiel a su naturaleza metamórfica, jamás dejará de ser un héroe.

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Pájara Rey, The MeatPies y Sidonie ponen en movimiento el Cuartel de Artillería

Crear: 11/11/2018 - 08:09

Estirando las celebraciones de la bienvenida universitaria hasta bien entrado el mes de noviembre, este viernes llegó al Cuartel de Artillería una nueva edición del Festival Murcia se Mueve; cita musical que reeditaría el éxito de convocatorias anteriores al agotar las más de cinco mil invitaciones puestas a disposición del público murciano para presenciar los conciertos de Pájara Rey, The MeatPies y Sidonie.

Así, con cientos de personas arremolinándose ya a eso de las 20:00h en torno al escenario principal, la banda encargada de poner en movimiento el festival sería Pájara Rey; nueva formación que, desde que editara su primera maqueta en el mes de febrero, ha alcanzado gran relevancia al ser capaz de sonar en Radio 3, alzarse con el segundo premio del CreaMurcia 2018, conquistar el certamen Pulpop y girar por buena parte de la geografía regional.

De este modo, con Virginia a la guitarra, Martaé a los teclados, Rosa al bajo y Belchi a la batería, la joven banda de punk-pop plantearía un concierto rápido, ágil, divertido e irreverente en el que tendrían un especial protagonismo piezas de factura propia que, como Paquita Natillas, La vida son cosas, Dinosaurio o Viva la virgen de Almatosa, pondrían de manifiesto la originalidad que atesora el grupo a la hora de plantear, enfocar y desarrollar temas en sus composiciones. Además, dando cabida a versiones tan inspiradas como la de Juana de Arco, de Marcelo Criminal, Pájara Rey introduciría en su repertorio la variedad necesaria para completar un espectáculo que sería bailado, cantado y largamente aplaudido por el público.

Más adelante, con el reloj marcando las 21:05h y más mil personas a los pies del escenario, los que tomarían la voz en la Plaza de Armas del viejo Cuartel serían The MeatPies; vigentes ganadores del CreaMurcia Pop-Rock que, formando como cuarteto debido a la baja de Pedro Hernández, ejecutarían una primera mitad de concierto portentosa en la que brillarían con luz propia canciones como 25 Express, Ready for you, With the wind o Twist and swing.

Entonces, tras acompasar el ritmo de su recital con esa deliciosa balada de corte clásico que es Just for the night, el grupo afrontaría pisando de nuevo el acelerador a fondo la recta final de un concierto que resultaría técnicamente impecable y que pondría de manifiesto que, quizá, lo único que le falte a The MeatPies para dar el gran salto y conectar definitivamente con el público sea dar el paso que dieron bandas como Deluxe, Second, Love of lesbian o Sidonie.

Precisamente, aguardando a Sidonie, serían cerca de cinco mil las personas que se congregarían a eso de las 22:30h en el Cuartel de Artillería. De este modo, con todas las entradas despachadas desde hacía semanas, los barceloneses se presentarían ante el público llenando un nuevo recinto en la Región tras arrasar, en menos de dos años, en el LA Festival de La Alberca, en el BSide de Molina de Segura y en el WARM Up de Murcia.

Por tanto, regresando a la capital del Segura para poner fin a una gira de dos años que comenzó siendo de presentación de su último LP y ha terminado sirviendo para conmemorar los veinte años de la banda, Sidonie iniciarían su recital recordando sus primeros años de andadura interpretando temas como On the sofa o Bla, bla, bla para llegar a ese fantástico Fascinado, que cambió para siempre la historia de la banda en el año 2005.

Sin embargo, a pesar del prometedor comienzo en el que, además, sonaron Nuestro baile del viernes y Siglo XX, pronto el recital se atascaría por culpa de las constantes interrupciones en las que Marc Ros incurrió para apuntar, presentar, comentar, conversar, reflexionar y reír con el público y, también, por culpa de la omisión en el repertorio de temas fundamentales de la banda en detrimento de canciones tan prescindibles como Sidonie goes to London, tan insulsas como No sé dibujar un perro, y tan empalagosas como Por ti, Está en mi garganta, o Un día de mierda.

Por eso, pese a que el concierto gozaría aún de momentos memorables en los que Sidonie mostraría su potencial, como durante las interpretaciones de El peor grupo del mundo, Fundido a negro, El incendio y Estáis aquí, lo cierto es que esos instantes emocionantes serían -más bien- fogonazos puntuales que no llegarían a dotar al espectáculo de la consistencia y la continuidad que ha de exigírsele a la que es considerada -y con razón- la mejor banda pop de España.

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