La sala Fuzz Factory se entrega feliz a “La viniloteca” de Domingo J. Casas y sus invitados

Crear: 01/29/2026 - 01:44

Avanzando en sentido Cartagena por la antigua Nacional 301, que hoy todos en Murcia llamamos “carretera de El Palmar”, a la altura de Aljucer y a mano izquierda existe un lugar mágico que, a pesar de parecer sacado de un maravilloso sueño adolescente y musical, es tan cierto como imaginar, y tan real como la pista que lleva al polígono Buenavista, que es donde se halla ese fascinante templo que responde al nombre de Fuzz Factory.

Ahí, entre huertos de limoneros y al abrigo de las dos hileras de viejas naves industriales que flanquean la única calleja interior del recinto, un pequeño cartel al lado de una portada, ya pintada por Kiko Feria, marca, como la cruz sobre el mapa del tesoro, ese espacio casi sagrado que, cual misterioso santuario, da la impresión de negar por el rigor de su cara la existencia del precioso contenido que, de hecho, guarda y custodia en sus entrañas.

Y es que, superado el lúgubre zaguán que da acceso al local, la luz artificial que desciende liviana y vaporosa del techo en su estancia principal es la que, cálidamente, da la bienvenida al viajero del tiempo creando, como un dulce hechizo, la atmósfera adecuada para sumergirse sin miedo en la historia a través de la contemplación, aún en todo su esplendor, de la hermosa desnudez de una primitiva sala de conciertos que hoy, ya sin espectáculos que le den vida, se ha convertido sola y por sí misma en merecida protagonista.

No en vano, caminando por su suelo de madera, pisando la tarima que una vez fue su escena, acariciando las portadas de los discos que se ofrecen junto a sus paredes, apoyándose en la estrecha barra por donde antaño se deslizaban copas y jarras, observando los altavoces y los focos aún colgados, y, sobre todo, fijando la mirada en las enormes fotografías que, a modo de lujosos lienzos, cubren sus negros muros con los rostros de las estrellas que un día alumbraron el cielo de la música popular, a fe que resulta difícil contener la emoción que causa la súbita impresión de sentirse, en medio de esa extraña y, a la vez, familiar sala, tan a gusto y tan feliz como en casa.

Además, como si, por un casual, todo aquello fuese poco, es mucho más lo que se le brinda al aventurero musical que no vacile en hacer girar las sonoras bisagras de una pesada puerta cortafuegos que, como si fuera la de una cámara acorazada, es la que protege de las miradas indiscretas el verdadero tesoro de Fuzz Factory, que no son divisas ni es plata ni oro, sino algo mucho más valioso: una inmensa colección de música formada por decenas de miles de discos que, distribuidos en dos naves y clasificados por épocas y por estilos, aguardan pacientes y mudos las manos que les insuflen nueva vida haciéndolos latir a 33 o a 45 revoluciones por minuto.

De esta forma, tratando de apaciguar la honda felicidad experimentada por estar en tal escenario, este pasado sábado, 24 de enero, tomamos posiciones a las 12:00 junto a la columna central de la sala Fuzz Factory, ya convertida en coqueto estudio, para presenciar la grabación en directo del séptimo capítulo de “La viniloteca”; podcast musical de culto que, desde el pasado 2025, pretende acercar al público a una figura relevante de la cultura y el arte para que charle sin prisas sobre su trayectoria profesional mientras va dando cuenta, guiado por un entrevistador, de los siete discos que han marcado su vida con mayor intensidad al tiempo que se alterna, de cada uno de ellos, una canción. 

Así, conscientes de que, a pesar de todo, lo que hace especiales a los lugares no es ni su pasado ni los objetos materiales más o menos preciosos que puedan contener, sino las personas que los habitan y los comparten, este pasado sábado nuestra felicidad habría de ser plena cuando, mirando alrededor, descubrimos a buena parte de los artistas que la noche anterior habían acudido a la inauguración de la exposición “David Bowie legacy” en la murciana calle Vinader y que, como entrevistador, ejercería nada menos que el más reconocido fotógrafo musical de los últimos 47 años en España, que es Domingo J. Casas. En rigor, aguerrido fotógrafo que, apostado en su trinchera pop, levantó ya en 1979 la bandera de una nueva profesión disparando su arma sin abrir fuego con el objetivo de captar y hacer eterno ese instante que, sin palabras, lo explica todo durante el fragor de un concierto.

Junto a él, sentado a la mesa de riguroso negro vestida, Kiko Feria, célebre diseñador gráfico, dibujante, publicista y pintor autodidacta que inició su andadura en el Madrid de la Movida, repasaría historias y anécdotas mientras Paco Ayala, a los mandos, hacía sonar a través del hilo musical de la Fuzz Factory los temas seleccionados por el invitado. De este modo, alternándose con exquisita corrección palabras y silencios, reflexiones y canciones, el tiempo parecería detenerse dichoso sobre el escenario de la sala, iluminada solo a media luz, mientras la conversación avanzaba cordial, interesante y animada al ritmo de piezas como “Heroes”, de David Bowie; “Money”, de Pink Floyd; “19 días y 500 noches”, de Joaquín Sabina; “Hotel California”, de Eagles, “Psycho killer”, de Talking heads; o “Golpes”, de Gabinete Caligari.

Para finalizar, el gran Domingo llamaría a un puñado de ilustres entre los presentes para que, subiendo al escenario, saludaran a los oyentes. De esta forma, desfilarían por los micrófonos de “La viniloteca” emblemas de nuestra cultura popular, como Toni Marmota, Javier García-Pelayo o Julio Muñoz “Chino”, y, tras ellos ¡vaya sorpresa! también me nombraría a mí; humilde filólogo loco por la música que desde hace once años les escribo -lo confieso- con bastante dificultad, aunque, eso sí, con la misma ilusión que de adolescente miraba embobado las fotos de Domingo J. Casas preguntándome, un tanto puerilmente, si acaso no sería aquel hombre con quien compartía apellido, quizá, familia lejana mía; y con el que, el otro día, mirándole agradecido, volví a soñar despierto qué bueno sería poder llegar a llamarle “amigo”.

 

Como almacén y tienda de compraventa de vinilos, Fuzz Factory abre al público de lunes a viernes en horario de 9 a 14 y de 17 a 20. La exposición "David Bowie legacy", que fue inaugurada el viernes 23 de enero, permanecerá abierta al público hasta el 23 de marzo en el Colegio de gestores adminitrativos de la Región de Murcia, situado en la calle Vinader 6 de Murcia, con acceso libre de lunes a viernes de 9 a 17.

La grabación del próximo capítulo de "La viniloteca" tendrá lugar el sábado, 7 de febrero, a las 12 en Fuzz Factory, donde Domingo J. Casas charlará con Inma Serrano. La entrada será libre para el público.