
FONTÁN, la joven banda madrileña de pop-rock capitaneada por Carlos Alfaya y Samuel Hernández, llegó este pasado viernes a la murciana sala REM para ofrecer en directo Atravesar el fuego, su brillante primer LP con el que se han propuesto dar el gran salto al circuito nacional, inicialmente, con una exclusiva gira de cinco conciertos a cubierto en alianza con Nuevos Vicios para, a continuación, batirse el cobre a cielo abierto ante grandes aforos en la que será su primera temporada de festivales.
Así, con la emoción caldeando el ambiente a los pies del escenario, FONTÁN haría acto de presencia sobre las tablas de la REM formando, además, con Dani Núñez al bajo, George Henríquez a la batería y Joti al piano para arrancar su primer recital en Murcia a eso de las 21:45 haciendo sonar “Vida perfecta”; pegadizo y nervioso medio tiempo de estribillo contagioso que ejercería como certera punta de lanza para abrir la velada poniendo a bailar al público desde el primer segundo merced a las poderosas percusiones de Henríquez y a los afilados destellos de la guitarra de Alfaya.
Entonces, acompasando la velocidad del concierto para transitar sin prisas por los parajes más marcadamente introspectivos de FONTÁN, la banda ofrecería -primero, con “Un día como hoy” y, después, con “No sirve de nada”- dos sentidas piezas en las que se alternarían con maestría la pausa y la explosividad para dar alas a unas letras que, interpretadas por la voz siempre profunda y serena de Samuel Hernández, oscilarían entre el cálido susurro intimista y el feroz aullido desgarrado de quien busca en la oscuridad esa luz ante la que se desvanecen los miedos que se ocultan bajo la cama.
Más adelante, atravesando el ecuador de su actuación, la banda madrileña lanzaría sobre el tapete de la noche murciana tres ases en forma de soberbias canciones que bien podrían ocupar los primeros puestos de cualquier lista de éxitos, desde los dorados años ochenta hasta nuestros días. Y así, como formidables golpes de talento sobre la mesa, se sucederían una tras otra la preciosa balada pop de aire eterno “Nada vuelve a ser”, la deliciosa y furiosamente sinuosa y rockera “Acompañado de mí”, y ese exquisito y luminoso medio tiempo pop-rock que se desplegaría con sorprendente madurez en “Hay tiempo para todo”.
De este modo, entregándose en cada pieza con la intensidad que requería la ocasión, FONTÁN se aplicaría en su ataque final sobre la revolucionada plaza haciendo sonar, primero, ese elegante y contenido rock de estilo latino titulado “Tocar el cielo”, antes de quemar las naves buscando nuevamente el vuelo de los estribillos lanzados al viento para ser coreados a voz en grito con la trepidante balada indie, “El temporal”; portentosa pieza plena de intimismo, garra y ritmo con la que la banda se despediría en todo lo alto de una sala que luciría feliz convertida en vertiginosa montaña rusa emocional por obra y gracia de FONTÁN.
No en vano, recorriendo con paso firme los 45 minutos que duró su bautismo de fuego, FONTÁN no solo dejaría un recuerdo difícil de superar para una primera vez, sino también la impresión de haber contemplado en acción a una banda con un futuro realmente prometedor gracias a su talento para sintetizar lo mejor del pop y el rock patrio de las últimas décadas y refinarlo a través de una propuesta reconocible, renovada, atractiva y capacitada para trascender las fronteras generacionales, precisamente, porque es en lo más íntimo de nuestro ser donde todos nos podemos reconocer.
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