
Cansados de bailar reguetón, este pasado sábado fueron cientos las personas que se acercaron a la murciana Glorieta de España para vivir, de la mano de Fenómenos Extraños, el concierto más loco, divertido y multitudinario de los celebrados hasta la fecha en el corazón del ya tradicional mercadillo navideño de la capital del Segura.
De esta forma, tras festejar con éxito en la Sala Mamba el 30º aniversario de Cansados de bailar bakalao -álbum que les dio a conocer y tras el cual habrían podido reinar, si no hubiera sido por el aguijonazo traidor de una discográfica cuyo nombre no merece la pena recordar-, Fenómenos Extraños irrumpieron a las 21:45 en el coqueto escenario callejero pasando de formatos acústicos y sin intención de renunciar a ninguno de sus instrumentos para desplegar todos los decibelios que su propuesta punk exigía.
Así, formando como cuarteto y capitaneados por un pletórico Alejandro Campillo que actuaría ya como único superviviente de la alineación titular, el conjunto daría comienzo a su recital interpretando su particular versión del “Aguilando murciano” para cumplir con los cánones navideños como Dios manda antes de dar rienda suelta a su repertorio de clásicos frenéticos e hilarantes, de entre los cuales el primero en sonar sería “¡Gracias, Manolo Escobar!”; tema absolutamente disparatado capaz de fundir felizmente y sin causar heridos “El Porompompero” con el “Smells like teen spirit”, de Nirvana.
A continuación, con el público rompiendo a bailar -y a reír-, llegaría el momento de coger velocidad lanzándose cuesta abajo y sin frenos montados sobre un mito del cicloturismo nacional para hacer las delicias de todos los que saben que la GAC Motoretta solo era una triste bicicleta, sucedánea de la auténtica y de la mejor, que siempre fue y será la BH Bicicross. Entonces, tras el vertiginoso paseo a dos ruedas, Fenómenos Extraños servirían la cena ofreciendo un menú ligero a base de tortilla española, pan de la panadería punk y, de postre, un Danone para terminar la primera mitad de concierto a tope.
Más adelante, rodeados por un público entregado que ya llenaba el lugar coreando cada estribillo, Campillo y los suyos afrontarían la segunda parte de su recital ofreciendo un recorrido por la geografía regional desde el “Mar Menor” hasta las equívocas calles de Trapería y Platería en “Me lo temía”. No obstante, en esta fase el punto culminante llegaría con “Quiero ser moderno”; glorioso himno de la formación, que serviría para mostrar el talento de este joven grupo murciano de los 90 al que, si le hubieran dejado, quizá podríamos haber visto jugar en la misma liga que Los Nikis y Siniestro Total.
Ya para encarar la recta final de la velada, Fenómenos Extraños quemarían las naves mediante una arrolladora sucesión de temas en los que lo murciano y lo murcianista servirían de combustible para enardecer aún más al respetable a fuerza de orgullo y simpatía. Así, irían cayendo como piezas de dominó “Amanecer huertano”, “¡Mamá! ¿Y mi camiseta?”, “¡Viva el Murcia!” y, cómo no, “Mi güertica murciana”, cuyos ecos resonarían al otro lado del Segura justo antes de que los fenómenos cantaran a la amistad y a los psicotrópicos al son de “Colegas” para rematar la faena a las 22:50 cortando orejas y rabo.
Y es que, aunque es muy posible que no hayan conseguido hacer de este un mundo mejor -ni tampoco que el metro llegara a La Arboleja-, lo que nadie les podrá negar a Fenómenos Extraños es que han hecho de la actitud punk su santo y seña. Porque, en estos tiempos nuevos y salvajes en los que tantos tipejos y tipejas grises nos quieren amargar, pocas cosas hay más irreverentes que hacerse militantes de la alegría y emplear como armas el ingenio y el buen humor con el fin de hermanar, y no enfrentar, a una multitud de seres humanos en torno a un escenario para cantar y reír juntos y en paz.
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