
Más allá de los deslumbrantes focos y muy lejos de los fastuosos escenarios que habitan en esos grandes recintos efímeros por donde pasan miles de personas igual que lo hacen las tumultuosas aguas de un torrente, existe una oferta musical -mucho más humilde, pero también mucho más constante- que, concebida para ser disfrutada sin prisas ni agobios ni distancias, permite que cada semana y casi en cada ciudad artistas y público se encuentren cara a cara y entablen un diálogo profundo y sincero destinado, no a arrasar y erosionar superficies, sino a calar y permanecer en los sentidos.
Así, traídos a la sala Spectrum por una de esas iniciativas que en Murcia ya es un emblema cultural y tiene nombre y apellidos -Microsonidos-, este pasado viernes la banda oscense El Verbo Odiado recaló en las tierras de la vega media del Segura para ofrecer un concierto en el que presentaría su más reciente LP publicado, E.G.O. (Intromúsica, 2025), y donde, además, el quinteto de rock alternativo capitaneado por Jorge Pérez repasaría las canciones más destacadas de su ya considerable discografía ante un más que generoso público que, en buena medida, acudiría a la cita con gran parte de las letras de la formación aprendidas.
De esta forma, con todo listo sobre el escenario y a eso de las 23:00 horas, El Verbo Odiado daría comienzo a su recital aplicándose con toda intensidad en desgranar su último trabajo de estudio. En rigor, una obra compleja y fascinante cuajada de frenéticas baladas en las que el pop, el rock y el indie danzarían alternándose casi sin descanso al son de un ritmo furioso y trepidante para dar cuerpo a unas letras que, como en “Canción rota”, “Centro de Gravedad”, “Laberinto” o “K2”, transitarían sin miedo por las estancias más oscuras del alma y tendrían en temas como el fracaso, la soledad, el dolor, la culpa, el desamor o la muerte sus principales fuentes de inspiración.
Entonces, como si la velada se adentrara con fruición en ese fantástico claustro gótico que en silencio dio voz al eco de los pesados pasos de Bécquer, El Verbo Odiado haría sonar el atronador yunque dispuesto a los pies de la fragua de “El gran odio” para forjar una nueva fase en la presentación de E.G.O. en la que irían ganando presencia y protagonismo los largos desarrollos instrumentales de corte épico, como en la preciosa “Metamorfosis” o en la rabiosa “El verbo odiado”; canciones, que, a la postre, marcarían el final de una primera parte de recital a la que se llegaría con la banda entregada hasta el punto de poner a prueba los límites de resistencia de sus propios instrumentos.
A continuación, afrontando ya la recta final de su concierto, aunque sin cejar en el empeño de vaciarse por completo sobre el escenario, el formidable quinteto de Huesca ofrecería un somero repaso a sus dos discos previos dentro del cual destacarían las interpretaciones de temas como “La pasión”, “La Mancha” o “Fargo”, que serían coreados y bailados por el público presente antes de que sobreviniese el brillante desenlace del recital con “La peor deuda”, cuyo largo y apoteósico colofón instrumental rubricaría a las 00:25 horas la conclusión de una actuación que bien podría calificarse de sobresaliente.
Y es que, luciendo en sus composiciones y sobre el escenario las virtudes que hacen realmente grande a una banda, la formación aragonesa terminaría completando un espectáculo total de principio a fin con el que lograría no solo ganarse el favor del público ya conocido y del nuevo, sino también levantar un pequeño gran monumento al oficio musical ante el cual solo cabría trocar definitivamente el verbo más odioso, que es odiar, por el más hermoso, que es amar.

